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Lectura Bíblica

Entender el mensaje

“… Hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo”. Efesios 4:13b

Ayer un amigo me pidió reflexionar en torno al papel y la importancia de la hermenéutica bíblica en la labor misionera. Parece obvio, ¿no?, pero en realidad no lo es tanto. Mi aporte giró alrededor de la necesidad, por parte del misionero, de entender el contenido del mensaje de su misión. Si el enviado no comprende la misión, la audiencia a la que se dirige no podrá acceder a las demandas y bondades del evangelio. Es así de sencillo.

Y en las demandas es donde radica precisamente el problema… Muchos misioneros, pastores y líderes se estacionan en las muchas bondades del evangelio, pero pocas veces se detienen a hablar de manera franca sobre cuántas cosas exige Dios de aquellos que aceptan a Jesucristo como su Salvador y Señor. Hoy en día se vende un evangelio devaluado, aguado, dulce, diseñado para atraer personas sedientas de bienestar y felicidad, pero totalmente ignorantes en cuanto a las muchas exigencias que presenta la Palabra de Dios.

Y sí, la gente está hambrienta por escuchar buenas noticias, pero, si algo es el evangelio, es Buenas Noticias de Salvación. Vivimos en un mundo signado por la injusticia, las carencias básicas, la corrupción grosera, la desigualdad social, el abuso a todo nivel, el irrespeto a los valores más básicos, el pisoteo a la dignidad humana. Pero nada de esto es nuevo ni inusitado. Este tipo de situaciones forman parte del mundo antiguo y del actual, pues nuestra naturaleza caída, por efecto del pecado, no da para realidades más nobles y justas.

Jesús, el Jesús que irrumpió en la historia para cumplir con La Misión, vivió en un mundo donde el atropello y la minusvalía humana estaban a la orden del día. A Jesús lo seguían hordas de personas carentes de esperanza, abusadas, irrespetadas, pobres, leprosos, apocados por una realidad dura, violentada por un imperio sanguinario que jamás entendió que el ser humano, cuando se respeta y valora, puede llegar a ser el mejor y mayor activo de un sistema político.

A ese mundo fue que Jesús llegó, con un cambio de paradigmas que nadie entendió en su momento, ni siquiera sus 12 discípulos. El Señor sabía, mejor que nadie, el estado deplorable de la humanidad que sería objeto de su amor y su sacrificio vicario. Pero, contrario a lo que pudiera pensarse, Jesús jamás fue desesperado detrás de nadie, nunca bajó el nivel de exigencia, jamás negoció ni pactó con persona alguna para hacer del evangelio un mensaje más atractivo y complaciente. Y, en medio de todo, siempre fue compasivo, amoroso, cercano, empático, sensible, un verdadero amigo. Y no es ésta una conducta bipolar, aquella que un momento puede estar eufórica de amor y que en poco tiempo puede encontrarse distante y fría. Jesús fue una persona consistente, en su discurso y sus hechos. Es que no podríamos esperar menos del Señor.

Jesús platicó con Nicodemo, una de las conversaciones más importantes de toda la Biblia, con una entereza y una posición que jamás cedió a las demandas o preguntas del desapercibido fariseo. El Señor no pasó la mano por la cabeza de Nicodemo, ni bajó el nivel de su discurso para que el rabino entendiera los detalles del nuevo nacimiento. Más bien denunció el estado en el que se encontraba Nicodemo y fustigo su doble cara al visitarlo amparado por la oscuridad de la noche.

Lo mismo pasó con el joven rico, esta vez con un poco más de amor y compasión. Ese muchacho estaba buscando la verdad que sabía podía encontrar en Jesús, pero no estaba dispuesto a abandonar sus posesiones. El Señor no cedió un ápice, no suavizó el golpe, no se contentó con el apego a la ley que declaró el joven, aunque la información lo conmovió. Jesús exigió dedicación completa, señorío absoluto, y cuando el joven no estuvo a la altura de la demanda, el Mesías no lo consoló o lo persiguió para convencerlo de alguna manera. Sencillamente lo dejó ir.

Las demandas de Jesús no son sencillas, no son fáciles de cumplir. No debió haber sido fácil escuchar al Señor decir que, el que no dejara padre o madre no podría ser su discípulo. En un tiempo donde el sentido familiar y comunitario se imponía por sobre el sentido individual (que tanto nos define hoy en día), cumplir con este requisito era un suicidio social sin precedentes, y un sacrificio muy alto. Sin embargo, Jesús suelta la exigencia sin remordimientos, sin matizar el impacto, sin revisar lo duro que esto pudiera resultar para quien lo escuchara.

Lo mismo sucede que con el famoso “quien quiera ser mi discípulo debe negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguirme”. Para los estándares humanos, limitados, ¡esto es una locura! Si Jesús hubiese sido uno de esos hombres famosos e importantes que requieren de un publicista y un experto en relaciones públicas, esos profesionales la habrían tenido muy rudo. Trabajar con un hombre que suelta esas bombas así, como si nada, es un verdadero suplicio. Habrían tenido que tener una reunión de control de daños feroz, casi a diario. Pero, ahora que lo pienso, ¿no es eso lo que hacían la madre y los hermanos de Jesús cuando lo buscaban para protegerlo, temerosos de lo que pudiera pasarle? ¡Querían matarle, y no era para menos! Las declaraciones y demandas de Jesús eran explosivas.

El mensaje de salvación es una buena noticia para todos… Podemos acceder a la vida abundante y eterna, el pecado ya no nos esclaviza, la presencia y guiatura del Espíritu de Dios es un activo invaluable en nuestras vidas… Pero, no todo es color de rosa, ni tampoco es coser y cantar. El evangelio tiene demandas altas, imposibles de cumplir, humanamente hablando. La Palabra dice que no podremos ver a Dios si no llevamos vidas santas. Esa exigencia es vital, y más nos vale atenderla. Como ya lo dije antes, es un asunto de vida o muerte.

El pastor, el líder, el misionero necesitan entender las demandas de Jesús y transmitirlas a todos. Esa es hermenéutica de la buena.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

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