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Lectura Bíblica

Juicios Tóxicos

No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el juicio con que ustedes juzgan, serán juzgados”. Mateo 7:1-2 (RVC)

Juzgar a los demás es una muy censurable costumbre en la que siempre caigo irremediablemente. He desarrollado un sentido malsano de lo que debe ser y lo que no debe ser y, sinceramente, quiero erradicar esa fea característica en mí. A medida que voy envejeciendo me he vuelto más intolerante, más “perfecta”, más juzgona. Alguien me contó una vez que uno de mis sobrinos se debatía entre ir a mi casa o no, pues decía que yo siempre estaba molesta, siempre lo juzgaba y regañaba. Si bien quería pasar el día conmigo, no estaba muy animado a ir a mi casa ante la perspectiva de una tía malhumorada y regañona. ¡No saben lo mal que me sentí cuando me contaron eso! Entonces me pregunté, ¿qué dice Jesús de este juicio tan malo?

Los seres humanos hemos sido creados por Dios con un profundo sentido gregario: Somos personas sociales a las que nos gusta vivir en comunidad. Esta necesidad de desarrollarnos en sociedad nos ha obligado a establecer ciertas reglas de cortesía, convivencia y entendimiento que redundan en relaciones armoniosas centradas en el respeto mutuo. En el Sermón del Monte Jesús toca las relaciones humanas, yendo más allá de los buenos modales y la tolerancia. Su manejo del tema lo hace a partir del juicio o la crítica destructiva como conducta a corregir.

Juzgar es llegar a darse cuenta de diferencias o similitudes en lo que contemplamos en el prójimo. Esto no es nada ajeno a nuestra naturaleza, ya que desde pequeños hemos sido educados para discriminar y discernir entre lo bueno y lo malo, lo bonito o lo feo, lo grande o pequeño, lo que nos gusta y no nos gusta, entre otras cosas. Sin embargo, Jesús ataca el juicio que hacemos a los demás pues considera que esto es sencillamente censurar a otros. En Mateo 7, Jesús se ocupa no sólo del juicio malo, sino del bueno, aquel que nos permite discernir entre el buen o mal carácter de los demás. Jesús prohíbe la costumbre humana de criticar y juzgar con severidad al prójimo. Allí, Él está condenando la práctica habitual de censurar a otros. La censura es una conducta que resulta de notar sólo las cosas malas de los demás, ver sus faltas minimizando sus virtudes, y de ser intolerante con los errores del otro.

Jesús exagera un poco para explicar el error de censurar a otros sin mirar nuestras propias fallas. Mateo 7:3 indica que el que juzga está pendiente de la astilla en el ojo del otro y no se da cuenta de la viga en su propio ojo. Jesús dio en el clavo, como siempre. Muchas veces estamos tan ocupados en ver lo malo en los demás que no nos percatamos de nuestra propia condición. Y esta censura intolerante y miope es propia de personas hipócritas, una conducta que Jesús fustiga sin piedad en el Sermón del Monte.

El problema de juzgar severamente a otros es que esta crítica abre la puerta a los demás para juzgarnos a nosotros con la misma severidad, y sin misericordia alguna. Pero si actuamos con amor con nuestro vecino, hermano o prójimo podemos estar seguros que esa persona se comportará de la misma manera cuando nosotros cometamos alguna falla. Nuestro perdón, prudencia y misericordia hacia los demás debe ser un reflejo agradecido del perdón y la misericordia que hemos recibido por parte de Dios.

Jesús nos invita a hacer adecuados juicios de valor a personas que no conocen a Dios de manera íntima y que probablemente no quieran nunca llegar a conocerlo. ¿Cuántas veces hemos sido intolerantes y groseros con la gente que dice no creer en Dios o no querer nada con Él? El llamado es a amar a todos. Sin embargo, no todo juicio es malo. Si bien no debemos ser hipócritas al juzgar a los demás sin mirar nuestras fallas, también es cierto que no es bueno ignorar y pasar por alto las fallas como si estas no existieran. El ser misericordioso y amoroso con el prójimo no quiere decir que seremos cómplices y complacientes con sus fallas. Jesús nos llama a encontrar un equilibrio saludable en las relaciones humanas. Lo difícil es encontrar ese balance, entre el amor y el juicio de valor.

¿Cuál debe ser la actitud correcta hacia los demás? Primero, debemos asegurarnos que nuestra vida esté limpia antes de juzgar a otros. Segundo, debemos concentrarnos en las virtudes de los demás, notando sus fallas y errores, pero con misericordia. La idea de la justicia en el trato hacia los demás no es nueva en Jesús. Muchas civilizaciones anteriores al Jesús terrenal ya contemplaban una regla superior de trato justo hacia el prójimo. Lo innovador es el giro positivo e universal que el Señor le imprime a esta máxima.

La regla de oro establecida por Jesús en Mateo 7:12 se expresa en un tono positivo. “Todo lo que quieran que la gente haga con ustedes, eso mismo hagan ustedes con ellos”. Esta regla es de carácter universal porque aún rige en todo tiempo y en todo lugar, a cada ser humano, sin distingo de ningún tipo. Sin embargo, Jesús no la pronunció tan sólo para que sea una simple norma de vida, sino que la revistió de una gran sensibilidad cristiana: Quien se relaciona con otros, tiene que hacerlo en base al amor que Dios ha derramado, por Su Espíritu. Los cristianos, al relacionarnos con los demás, siempre buscamos dar lo mejor de nosotros mismos, sin pretender sacar partido de esa relación.

Jesús siempre tiene algo que enseñar, y es mucho lo que aún yo tengo que aprender. Pero estar consciente de mi falla al relacionarme con los demás es el primer paso para revertir todo ese juicio y comenzar de nuevo, con una actitud más liviana y positiva. Porque mi familia me necesita, menos severa, más cercana. ¡Ese es el reto!

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

5 respuestas a «Juicios Tóxicos»

La clave como lo has dicho es encontrar ese balance estre el amor y el juicio de valor. Gracias por tan excelente planteamiento. Que su Espiritu Santo nos enseñe a encontrar ese balance en el nombre de Jesús.

Debemos aprender todos a tratar como nos gusta ser tratados .. pero lo que no me cuadra es que hay personas duras consigo mismas , y es de alli de donde parte el problema … cómo ser amables con los demás? Si se es duro consigo mismo ?

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