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Es vuestro derecho

Mi padre era español. Juan Sánchez Delforn nació en el barrio madrileño de Salamanca, en Fuente del Berro, en la calle Marqués de Zafra, en 1928. En ese entonces, los corsés ya no ahogaban a nadie, la paz mundial estaba aparentemente afianzada, y gobernaba el dictador Miguel Ángel Primo de Rivera. Fue el último de 5 hijos, de Hilario Isidro Sánchez, zapatero de profesión, y de Matilde Delforn, ama de casa, de Cataluña. Según cuentan, él era muy travieso, y nunca le gustó el colegio, siempre se escapaba para regresar a su cama, para continuar disfrutando de la vida, para recorrer las callejuelas de su barrio. Le tocó vivir la Guerra Civil Española cuando aún era un niño en edad escolar, y fue llevado a Valencia, para protegerlo de los embates de la lucha armada.

Años después, Juanito aprendió el oficio de impresor, aún muy joven. Le apasionaba el teatro, le encantaba colarse en los espectáculos para aplaudir a rabiar, en compañía de sus amigos. Era guapo, el Juanillo, con esa elegancia única de los años ´50, con un bigotito delgado y una sonrisa pícara tan de él, que nunca le abandonó, esa sonrisa cómplice que sus nietos llegaron a disfrutar. Me imagino que conquistar mujeres no supuso un problema para él.

La vida nunca dejó de ser dura, España había sufrido varias guerras, propias y ajenas, y vivir en Madrid comenzaba a pesar. Ya estaba casado y con dos niñas hermosas, una familia que requería de atención y cuidados. En 1957, emigrar a América pasó de ser un sueño, a convertirse en una necesidad imperiosa. En principio quería llegar a la Argentina, pero el barco hizo una parada en La Guaira, y entre el calor y el salero del venezolano, Juan decide quedarse en estas tierras. En ese entonces, Marcos Pérez Jiménez aún era el dictador sanguinario, aunque sólo le quedaban unos pocos meses de mando.

Los años corrieron con rapidez, mucho trabajo, negocios propios, niñas que crecen en un país que ya sienten suyo. Llega la viudez, y tras ella un nuevo matrimonio, una nueva familia. Llegamos mi hermano y yo, completamente venezolanos, a vivir con un padre entrado en años, cuarentón. Para nosotros él siempre fue ese hombre con acento elegante y hablar extraño, un extranjero muy aclimatado, pero siempre un españolete fuera de lugar.

En casa siempre comimos tortilla de papas, torrejas, rosquillas rociadas con Nevazúcar croquetas de pollo, paella valenciana y cocido español. Desayunábamos con migas de pan duro y chorizo, y los domingos íbamos a la parroquia caraqueña de la Candelaria, el reducto español de siempre, para comer churros con chocolate caliente, antes de ir a la iglesia, una delicia total. Pero no creas, también saboreamos muchas arepas, cachapas y pabellón criollo, bajo la mirada de desaprobación de nuestro padre, quien siempre tildó la comida local como algo salvaje y sin gracia. “Ay, papá… Qué tonto eres, ¿acaso no sabes que no hay nada mejor que un plátano horneado con queso rallao´?”

Crecimos en nuestro hogar escuchando a Joan Manuel Serrat, odiando a Francisco Franco, y oyendo conversaciones salpicadas de innumerables groserías españolas que nos producían risas escandalosas. Pasamos nuestra adolescencia escuchando a nuestros padres discutir por absolutamente todo. En realidad, ellos eran muy diferentes y su visión de la vida siempre chocaba, para delicia nuestra. Escuchar a esos dos discutir era muy divertido. Era un choque cultural permanente, pero sumamente enriquecedor. La verdad es que vivir con un extranjero es un reto, pero mamá lo supo llevar muy bien. Mis padres estuvieron casados por 28 años, hasta la mañana de noviembre de 1996, cuando papá murió de un infarto.

Recuerdo que cuando enfermó, pregunté a todos mis hermanos qué íbamos a hacer si papá moría, y mi madre, siempre práctica, dijo que prepararía una paella para comerla en honor a papá, y así hicimos. Juan murió un martes, fue enterrado un miércoles, y el domingo comimos una gran paella, con un vinillo tinto, y abundante pan. Papá vivió 40 años en este país, y nunca dejó de ser quien siempre fue… Un español mal hablado y encantador, siempre muy castizo, lleno de hijos y nietos venezolanos que lo adoraban.

En la Biblia, la figura del extranjero es una constante cultural interesante. En cuanto a protección social, la ley hebrea contemplaba amparo para las viudas, los huérfanos y los extranjeros. Dios siempre pedía un trato especial y clemente para el extraño porque, les recordaba, que ellos, el pueblo hebreo, habían sido extranjeros en Egipto. La orden era tratar al gentil con justicia. Bajo esa ley se amparó Rut para recoger alimento tras las sirvientes de Booz… Más adelante, en el Nuevo Testamento, Jesús dice en Juan 17 que nosotros estamos en este mundo, pero que no pertenecemos aquí. Esa oración por nosotros es una de las más tiernas de Jesús.

Timoteo, el joven discípulo de Pablo, era hijo de un griego y una hebrea. ¿Cómo sería su experiencia, creciendo en un hogar multicultural? ¡Seguro que nunca se aburrió! La influencia de su abuela y su madre hebreas fue determinante en su vida, Pablo lo reconoció, al escribir a Timoteo en su carta pastoral. Estoy segura que este discípulo fue un activo importantísimo para Pablo. Después de todo, era un hebreo con lo mejor de la educación materna, pero con una visión gentil útil para trabajar entre los helenos.

Han pasado más de 20 años de la muerte de mi padre, y ya la Venezuela que Juan vivió no es la misma. Problemas, problemas y más problemas nos han obligado a mirar alternativas, a buscar nuevos horizontes para sus nietos. Impulsados por esto, mi hermano y yo un día decidimos acercarnos al Consulado General de España, en Caracas. Llegamos como a las 10 de la mañana, perdidos, con una carpeta llena de papeles de papá. Allí teníamos partidas de nacimiento apostilladas, pasaportes, copias de cédulas, papeles de nacionalización, fotos, un poco de cosas que mamá había preparado, todas apretujadas y enmarañadas, sin ningún orden aparente. Me acerqué a una taquilla baja, de esas en las que hay que agachar la cabeza para ser escuchado. Del otro lado estaba una joven, española, que nos saludó con educación. Recuerdo que le dije, inusualmente tímida: “Nuestro padre era español. Queremos saber si podemos solicitar nuestra nacionalidad española”. La chica de la taquilla dijo, con aires de superioridad: “Por supuesto que podéis solicitarla, es vuestro derecho”. Nunca nada me sonó más dulce. De eso han pasado ya más de 10 años, y sí, resulta que ahora somos españoles.

Es curioso cómo la vida da vueltas, las cosas parecen repetirse, sólo que a veces lo hacen a la inversa. Este país acogió a mi padre con los brazos abiertos, le dio un futuro, le dio familia, aquí él dejó raíces, gente que él no conoce, pues llegaron mucho después de su partida. Y ahora es España, el país de origen de mi padre, que nos dice, “es vuestro derecho ser españoles”. Ése regalo siempre ha dejado un sabor agridulce en mí, ya el españolete no está, ahora somos nosotros los que tenemos la puerta abierta, aunque no me anima dejar mi país.

Realmente, la relación paternal sobrevive, no importa si el padre ya murió. Juan Sánchez Delforn sigue siendo mi padre, aunque él ya no esté. Yo sigo aquí, con su legado, comiendo tortilla y churros, viajando sin límites con mi pasaporte español… He pasado varias veces por España, de escala en el Aeropuerto de Barajas, donde todos me tratan como una local, una española más, de viaje. Para mí, es una parada llena de emociones. Mi padre nació allí, y yo, su hija, soy testigo de su paso por este mundo.

Papá, ¡cuánto extraño comer churros contigo y quemarme la lengua con el chocolate caliente!

(Este escrito no habría sido posible sin la ayuda y los recuerdos de Rosa Mari, mi hermana española, que llegó aquí con tres años, para no irse más. ¡Gracias!)

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

11 respuestas a «Es vuestro derecho»

Uyyy, me tocó Helenitaaaaaa sólo que mi nacionalidad es Italiana, nunca pensé usar ese pasaporte de la comunidad Europea, mi afán por la nacionalidad era pensando en los hijos pero me sirvió a mi también, ahora estoy aquí en Chile, ya cumplí un año pero los recuerdos, mi iglesia , la familia , los amigos que quedaron están presentes siempre, Nos tocó amiga y hermana querida

28 años de felicidad y cuatro hijos españoles. No se puede pedir más. Nos gustaría comer a lo español pero el jamón serrano se fue con Roger y Juan,nos quedan los frijolitos chinos, gracias al Señor.

No habrá una categoría en los premios Nobel a la narrativa, porque de pana, my teacher ,eres una dura en la materia. Excelente Francis, disfruto y
aprendo al máximo con tus publicaciones.
Me gusta siempre acotar algo algo al tema escrito, pero esta vez va a ser la excepción, porque yo soy mas criollo que
un bombazo un martes de
carnaval, jeje.. Yo lo mas lejos qué e ido a solicitar un documento como derecho, fue en el registro de Guigue, y fue una fe de vida, porque en el CNE aparecía como muerto, que tal? Este gobierno y sus desmanes.

Un testimonio mas, nararrada maravillosamente que confirma como Venezuela fue la acogida para muchos extranjeros y que además honraron la misma. Me encanto y creo que el sabor de los churros y chocolate los tengo en mi boca .

Guao, realmente imaginé cada aspecto de tu narración y demás está decir que lo disfruté muchísimo. Imaginaba a tu padre tal cual tu descripción, aunque no dijiste los colores que vestía, me lo imaginé impecable con pantalones de vestir y zapatos lustrados 🙂

Ay Elena!!! Cómo lo extraño……..Te faltó expresar lo volátil de su carácter, y como nos burlabamos de esas situaciones de irá efervescentes de mi papá, tanto Él como todos los que lo acompañaron en su vida, nos hemos reído de esas rabietas,a veces sin y con razón. Lo tengo presente en mi vida siempre. (Te recuerdo que Elena es sin «h»)

Eres peculiar querida Helena ,particular tu narrativa y muy interesante la extrapolación que haces de tus experiencias de vida con personajes bíblicos, fascinada con su lectura¡ felicitaciones, Dios te bendiga¡

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