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Lectura Bíblica

Deuteronomio, el secreto de la felicidad

Deuteronomio significa “segunda ley”, pero bien podría llamarse “recordar es vivir”. En este último libro del pentateuco, Moisés se dedica a rememorar la historia de loa últimos 40 años errantes del pueblo de Israel por el agreste y difícil desierto. Al comienzo del libro, se encuentran todos en una de las riberas del río Jordán, justo antes de tomar posesión de la tierra prometida, tierra que les regalaba frutos apetecibles y ya maduros, casas listas llenas de riquezas, pozos de aguas cristalinas y abundantes, y ciudades completamente habitables, que el mismísimo Dios les da a tomar. Este libro es una especie de “memoria y cuenta” de las proezas, señales y milagros de Dios para con el pueblo que escogió, que además ama de manera irremediable e incomprensible. A ese amor se hará referencia una y otra vez a lo largo del libro.

Se me antoja que Dios toma a Israel como a un niño pequeño, como Efraín pues, lo sienta en un taburete, y procede a leerle la cartilla. Si escuchas al narrador con detenimiento, puedes darte cuenta que el punto focal está puesto en Dios. El Señor, el gran YO SOY desea asegurarse que este pueblo rebelde no olvide todo lo que han vivido juntos a lo largo de las últimas 4 décadas. Y para ello, Dios se consigue un narrador de excepción, Moisés. Este gran caudillo imprime una emotividad y una urgencia al mensaje de Dios. Lo hace con la triste certeza de que no podrá entrar a Canaán. Si bien fue artífice humano de todas las aventuras de fe que narra con inquebrantable fidelidad, no podrá finalmente entrar triunfante a la tierra con la que soñó, y por la que sufrió tantas desventuras.

Pero el libro de Deuteronomio no es tan romántico como parece que lo he pintado en estas pocas líneas, no. Éste presenta un compendio de leyes y preceptos de Dios que es preciso que el pueblo acate si quiere salir aprobado y victorioso en la conquista de la tierra que ya es suya, por fe, porque así lo ha dicho su Dios. “Si obedeces, vivirás, si te empeñas en ir por tu camino, entonces morirás”. El libro presenta dos caminos, el de la obediencia y victoria con Dios, o el de desobediencia y castigo a espaldas de Él. Esto se presenta como una constante fija en el texto.

Deuteronomio intercala textos de amor y llamados de obediencia, con eventos de corte narrativo (como los relacionados con las gestas bélicas), eventos significativos pero naturales (como la muerte de Aarón y Moisés, además de la elección de Josué como próximo caudillo), y el grueso del libro, que corresponde a leyes y reglamentos de corte civil, social y sanitario, y hasta político. También se encuentran pasajes muy hermosos de bendiciones, y el canto de Moisés, justo antes de la narración de su muerte.

Si alguien duda de la autoría mosaica de Deuteronomio, es realmente miope. Moisés no podría haber impreso su impronta de manera más personal. Sí, es Dios quien habla al pueblo, pero es Moisés quien se expresa en su ya característica manera de reprochar (¡repite varias veces que por culpa del pueblo él no entrará en la tierra prometida!), y de llamar a todos, a la reflexión, de forma conciliadora y fiel. Vemos el carácter desinteresado de Moisés cuando, aunque su soberbia no le permitirá entrar con todos a Canaán, él se dedica prolijamente a recopilar este monumental código civil teocrático.

Otra característica de Deuteronomio que trae luces en cuanto a la cultura hebrea, lo constituye la confianza del autor en la institución familiar y la tradición oral, que deben propugnar y fomentar la ley de Dios a las generaciones por venir. Eso de “y la repetirás a tus hijos” es tan vital que entendemos que al menos pasarán unos cuantos siglos hasta que todo lo que ahora se pide repetir y repetir, se pondrá por escrito. (Esto fue durante el exilio, con Esdras y otros como propulsores). Mientras tanto, es la familia quien se encargará de que estas palabras de Deuteronomio no se olviden. ¡Qué responsabilidad tan grande y tan privilegiada!

¿Qué dice esto de la labor que Dios le ha dado a los padres? ¿Qué estamos haciendo para honrar esta labor responsablemente? En un libro donde la repetición es vital, el que esta enseñanza se coloque en manos de la familia es algo que me hace reflexionar mucho. Deuteronomio sencillamente busca cumplir con el ideal divino de la enseñanza en el hogar: Dios es el centro de la vida, y el hombre es hacedor de Sus leyes y preceptos. Cuando leo este libro, me imagino en el sofá de la sala familiar de algún hebreo, con sus hijos, escuchando Palabra del Señor atentamente. Deuteronomio estableció, mucho antes que los libros de Formación Cívica, que la familia es la base de la sociedad.

Ahora, ¿por qué es preciso repetir y repetir? Ay, ¿es que acaso Dios no conoce a Su gente, a la humanidad? Dios sabe que Israel es bruto y testarudo, infiel y vano. No en balde fue con él de la mano por casi medio siglo, y soportó sus quejas y berrinches, sus promesas livianas y su débil corazón. Dios sabe que necesita recordarles todo lo que Él hizo para sacarlos de Egipto, y lo mucho que los ama y bendice. Es preciso recordarles todo, pues es la única manera que Dios y Su Palabra puedan penetraren su intelecto y voluntad, y puedan llegar a amar a Dios, con amor imperfecto, pero con amor, después de todo.

En la parte práctica, Deuteronomio se ocupa en recordar aquellas leyes de Dios que se desprenden de los 10 mandamientos. Es sorprendente ver el carácter de Dios hasta en los más pequeños detalles sanitarios y de la vida civil y cotidiana de Israel. Dios se ocupa, de esta manera, de la vida social ideal para que Sus propósitos con Israel puedan cumplirse. No deja nada al azar. Todo está organizado de tal manera que podría funcionar perfectamente, si no fuera por la imperfecta intervención del hombre en esta ecuación. Dios demuestra así a otros pueblos que Israel tiene reglas que lo adelantan en el tiempo. El pueblo de Dios ya lo tiene todo consigo, pues Dios ya le ha indicado cómo vivir en sociedad.

Lo único que deben hacer el pueblo es ser fiel a Dios y obedecer sus mandamientos, pues la obediencia trae felicidad. Este es el leit motif de Deuteronomio, lo es realmente de toda la Palabra de Dios.

Podría decirse que Deuteronomio es el gran recordatorio del pacto de soberanía de Dios con el pueblo de Israel: Se repiten todos los términos, se establecen todas las reglas, se reparten trabajos y responsabilidades, y se imponen bendiciones y castigos, dependiendo de la fidelidad con que se cumplen todos los términos. Dios propone y dispone, y el hombre una vez más promete. Es una lástima que esta sea una cantaleta de nunca acabar, pues la naturaleza del hombre acaba con todas sus buenas intenciones. Pero más grande es el amor de Dios por la humanidad. Él completará Su pacto en la persona de Jesucristo. Esa buena noticia se asoma tímida en el Antiguo Testamento. Deuteronomio es testigo de esto.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

5 respuestas a «Deuteronomio, el secreto de la felicidad»

Obediencia =felicidad
Fluida e interesante la lectura, un lenguaje si se quiere coloquial porque es fácilmente entendible, un contenido muy importante, me hubiera gustado que Moises entrara la tierra prometida. ,pero Josué también se preparó para seguir conduciendo al Pueblo de Israel! Valioso tu aporte, DTB.

La shemá hebrea, derivada del capítulo 6 de este maravilloso libro, se ha conservado hasta el día de hoy en el seno de las familias judía que aún lo recitan 2 veces al día. Definitivamente es tan necesaria la repetidera y las cantaletas, como muy bien lo describes Francis, porque nuestra memoria es muy frágil para recordar las cosas buenas que han hecho por uno alguna vez; pero no digamos cuando nos hacen algo malo, hay sí tendemos a tener una memoria de elefante, jeje. Pero contamos con un Dios de amor que jamás nos haría algo malo, y que nos insta a darle ese primer lugar y que nos recuerda las grandes proezas echas por él en beneficio nuestro. Definitivamente la obediencia a Dios y sus estatutos y la enseñanza en el núcleo familiar de las mismas son la clave de la felicidad.
Una vez más Francis, sencillamente genial tu enseñanza. Dios te siga usando.

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