Categorías
Lectura Bíblica

Eclesiastés: Por qué y para qué estoy aquí

Tenemos ya semanas leyendo la Biblia juntos… ¿Qué te ha parecido el ciclo de introducciones a los libros? Espero que estés tan enganchado a la lectura como lo estoy yo. Esto de leer la Palabra de Dios es un ejercicio de descubrimiento diario. No importa cuántas veces se lea, la Biblia siempre sorprende, con personajes nuevos y ya conocidos, buenos y malos, vitales y secundarios; con relatos y episodios inusitados, mensajes de salvación y esperanza que a menudo no recordamos, pero que saltan de las páginas vivos, renovados, que unas veces nos hacen reír y llorar, y otras tantas nos hacen reflexionar.

En este nuevo caminar bíblico del año me he encontrado con muchas cosas que me han hecho reír a carcajadas… como cuando los filisteos quieren regresar el Arca de Dios y la colocan en una carreta conducida por dos vacas, con la esperanza de que ésta regrese a su territorio y Dios los deje de castigar… Y las vacas se van derechito a donde Dios quería, librando a los filisteos de grandes calamidades. O cuando el pueblo de Israel exige un rey a Samuel y Dios escoge a Saúl… Cuando el pueblo lo busca para coronarlo, éste está escondido entre unos baúles y Dios lo delata. ¡Ése tonto debía saber que de Dios no se puede uno esconder! O cuando el poeta se indigna porque el pueblo no ve a Quien le ha dado ojos, y no escucha a Quien le ha dado oídos. O cuando Jonás se molesta con Dios, no sólo porque ha salvado a Nínive sino porque se le quema la cabeza, y hace un berrinche, tal como un niño. O la vez que un muchacho se queda dormido escuchando a Pablo (¡qué fastidioso este tipo!). Todos estos episodios humanizan al texto, lo aproximan al lector, y lo hacen una delicia.

Pero hay otros momentos donde el texto me avergüenza, o me enternece… Como cuando Proverbios no se cansa de repetirme que cuide lo que digo, que no sea necia, que tenga cuidado con mi boca imprudente. O cuando Romanos enumera todos los pecados que me hacen injusta ante Dios (blasfema, gritona, chismosa…). O cuando me veo reflejada en el triste llanto de Pedro cuando negó al Señor, o en la súplica de la madre siro fenicia que pide a Jesús sanidad para su hija endemoniada. O cuando Isaías me dice que Jesús será molido por mis pecados… Leer eso me produce muchos sentimientos a la vez, tristeza, vergüenza, amor, agradecimiento.

Sí, la Palabra lo tiene todo… La Biblia es un libro muy viejo obviamente, pero siempre es actual y muy humano. Uno de los libros que más me ha hecho reflexionar es Eclesiastés… Fue escrito hace muchos siglos atrás y sin embargo es tan vigente…Lo comencé a leer justo al inicio de la pandemia, porque sabía que me ayudaría con todas las preguntas existencialistas que me planteé a raíz del confinamiento, y quedé totalmente sorprendida de todo lo que leí allí. ¡Llegué a preguntarme si su autor había pasado por una cuarentena!

Eclesiastés es un libro que recoge el discurso final de un hombre prominente que lo ha tenido todo y que lo ha vivido todo. Se le atribuye a Salomón, aunque algunos aseguran que pudo haber sido escrito por el rey Ezequías, aquel a quien Dios regaló 15 años más de vida. Este libro tiene un tono muy reflexivo y existencial, su pregunta central es ¿qué sentido tiene la vida?, pues hace una revisión del fin último de la existencia humana, dada por un hombre ya anciano que ha vivido bien y apasionadamente. Reconoce que el deber que tenemos todos es temer a Dios y obedecer sus mandatos. ¡Nada más tiene sentido en la vida!

Sus reflexiones giran en torno a los placeres y su inutilidad, las diferencias entre el sabio y el necio, el trabajo, el tiempo, las injusticias e incertidumbres de la vida, las ventajas de tener quien te acompañe en la vida, la futilidad de las riquezas, la llegada inevitable de la muerte, y cómo vivir la juventud. Es el recuento de un anciano que parece saberlo todo, pues lo ha experimentado todo, un hombre corrido y vivido, que no quiere morir sin antes regalar a las generaciones que lo sobrevivirán un poco de lo mucho que ha aprendido con el correr de los años. ¿Cómo es que ese autor sabe tanto de mí?

Aún recuerdo a mi profesor de Historia Universal, en segundo año de bachillerato. Es que él siempre decía cosas que retaban mi fe, y mi Biblia… Él me enseñó que el “Cromagnon” y el “Neanderthal” eran especies, extintas, muy primitivas y salvajes. También me enseñó que nosotros pertenecíamos a la especie llamada “homo sapiens”, o seres humanos, que posee capacidades mentales para inventar, crear y aprender. (Lo que él nunca aceptó es que estas capacidades tenían que ver con Dios y Su imagen en nosotros). Recuerdo que ese profesor decía que, entre el homo sapiens antiguo y el actual no hay ninguna diferencia. Sólo nos distingue el mundo en que vivimos y los avances que disfrutamos. ¡El ser humano nunca ha dejado de ser el mismo!

Eclesiastés siempre me hace pensar en los seres humanos, que no somos tan diferentes unos de otros… Que, sea que hayamos vivido siglos atrás antes de Cristo, o que vivamos en el mundo de hoy, las necesidades siempre son las mismas, la existencia es igual de incomprensible y retadora y, sobre todo, que las preguntas difíciles a veces no encuentran respuestas satisfactorias. Eclesiastés es un texto completamente universal, atañe a todos, señala a todos, une a la humanidad en la misma búsqueda, y les ofrece la misma salida: Temer a Dios es el único propósito loable, aprovechable del hombre… Como diría mi abuela Francisca, ¿pa´ qué más?

Eso, precisamente, es lo que hace la Palabra, me enfrenta con mi realidad, humana y terrenal. Eso es lo que hace que yo la lea… Ése libro habla de mí, y de ti también, Eclesiastés es prueba de ello. Lo interesante de la Biblia es que siempre encuentro en ella cosas nuevas, su mensaje no se agota. Para mí, la Palabra es como un lugar donde puedo sentarme con Dios para escucharlo, para reflexionar, para compartir con Él sobre el día de ayer o el que está por comenzar. La Biblia me permite escuchar la voz de Dios y entender qué es lo que Él quiere que yo haga. Es una comunicación maravillosa que busco cada mañana, en una cita diaria imperdible.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

8 respuestas a «Eclesiastés: Por qué y para qué estoy aquí»

Gracias querida Francis por hacer de cada escrito bíblico una aventura.
Eclesiastés es sin duda un libro fascinante que no pasa de moda, útil para cualquier momento y para cualquier edad. Y al final de todo siempre somos Dios y yo… Dios y tú… Dios y cada uno.

Muchos le sacan el cuerpo a leer Eclesiastes , por pensar que es lento, latoso o aburrido que no nos pasa a muchos ya que muchos no hemos disfrutado de todas las vanalidades como el autor y por supuesto no tendremos su fin; cuando en realidad todos llegamos al mismo lugar al final de nuestras vidas humanas. Hay que leerlo porque nos enseña que todos somos iguales. Buen relato. Me invita a volver a leerlo. Gracias.

Para mi es muy grato leer tus devocionales, partiendo porque haces que uno aprecie otro estilo de leer la Biblia, no es sólo el drama que genera inevitablemente el ser confrontados porque cada paso que uno decide trazar sin su dirección nos entristece, al ver el mal uso que le dimos a nuestras vidas y nos deja ese deseo de aprovechar cada instante de nuestra existencia en hacerlo bien al dejándonos llevar de su mano.

Lo que me planteas realmente en esta oportunidad es uno aprender a familiarizarse con lElla; ver como tú dices que el hombre de ayer de hoy y del futuro es el mismo, con la misma necesidad de querer entender su existencia y la única manera de conocerlo y darle un real sentido es hacerla parte de uno.

Eclesiastes tiene mucho de eso al igual que Proverbios, ambos nos dan el medio de no errar.

La verdad que uno se ha topado con episodios que nos pueden hacer reír, suspirar, amar y llorar pero nos limitamos tanto en un sólo punto en el análisis que nos perdemos de muchas cosas en la Biblia.

Gracias amada hermana por tu enseñanza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.