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¡No me importa!

La privacidad ha muerto. Las redes sociales la mataron”. Pete Cashmore

No me gustan las redes sociales… Mis hijos tuvieron su época de estar pegados al Facebook. Publicaban muchas cosas por allí, y una que otra vez colocaban mi foto, durmiendo durante un largo viaje por carretera, junto a nuestras mascotas, durante una conferencia… y todas esas veces yo reclamaba el respeto a mi privacidad. ¿Por qué si no estoy en Facebook tienes que publicar cosas sobre mí? Y la respuesta siempre me sonaba a lisonja: “Es que, tú eres mi mamá, y formas parte de mi vida”. Por más tierno que resultara, nunca agradecí esa intromisión que, a mi parecer, era grosera.

Nunca he podido entender el furor de las redes sociales. ¿Por qué la gente siente la imperiosa necesidad de compartir y publicar toda su vida en los medios? Para una persona que aprecia y guarda celosamente su privacidad, esta locura de la sobre exposición mediática es inconcebible e incomprensible. Y tú me dirás: “Pero tú escribes de tu vida en un blog”. Y los que me conocen dirán: “Pero tú no eres tímida”. Sí, tienen razón. Tengo todo para ser una fanática de las redes, pero no, no lo soy. Es que, sencillamente no me importa lo que otras personas hacen… Y creo que a ellas tampoco les importa lo que yo hago.

Lo que pasa es que yo creo que se ha malentendido el uso de las redes, o quizás se ha abusado de ellas. Yo puedo entender la utilidad de estos medios sociales para una empresa, una institución, o para una persona que quiera publicar algo de su vida, como sus estudios, sus celebraciones, o incluso sus tristezas. Pero no puede ser que seamos tan cándidos como para publicar fotos de lo que comemos y bebemos (oye, hay gente que no tiene para las tres comidas diarias…), para registrar cada segundo de nuestros pensamientos y opiniones… y, además, para compartir nuestras selfies al mejor estilo Kardashian… en el baño, en la cocina, en un funeral, en la iglesia, en una protesta política, en un divorcio, en la panadería, fregando los platos del almuerzo… No, no lo entiendo.

Ahora, no te creas, el WhatsApp es uno de mis mejores aliados. Esta maravillosa aplicación me permite comunicarme a diario con mis hijos, me mantiene cercana a mis amigas y hermanas (orando las unas por las otras), me pone al día con el acontecer mundial (así sea mentira), y me entretiene mucho. Nunca he publicado nada en mi Estado (ya te lo he dicho, soy privada), pero me encanta ver los Estados de mis familiares… Me conecta con la gente que amo. Me ha reconectado con primos a los que tengo mucho tiempo sin ver. A través de WhatsApp he descubierto cuánto amo a una de mis primas, pues siempre sé de sus proyectos, y trato de apoyarla en todo (si ella vende cajitas con peloticas de colores, yo compro cajitas con peloticas de colores, así no las necesite). Esa prima en particular me hace reír con sus ocurrencias y los chistes de su Estado. Ella ha pasado de ser una niñita fastidiosa, a ser una mujer adulta con la que me identifico plenamente… Y rara vez la veo, pero el WhatsApp nos conecta.

Pero, ¿sabes qué no me gusta? Los grupos de WhatsApp… Por Dios, siempre pienso que alguien debería normar el uso y la participación de esos grupos. Algo así como “reglas de etiqueta para el uso grupal de WhatsApp”, como las que rigen los modales en la mesa, o las del buen oyente y el buen hablante… En esos grupos nadie se escucha o se lee verdaderamente. Todos están tan empeñados en compartir, que no comparten nada. Ahora en cuarentena todo se hace por WhatsApp… Clases bíblicas, reuniones celulares, encuentros de oración y ayuno, inauguraciones, fiestas de cumpleaños, de todo se hace allí, y es una locura a veces. He optado por no participar mucho en ello, siempre apoyo, oro, dirijo una que otra reflexión…pero hasta allí porque, con tanta gente involucrada, terminó con la neurosis a millón. Por mi cordura ¡es mejor no ser parte de eso!

El ser humano tiene una necesidad innata de comunicarse, es parte de lo que somos. Somos seres sociales que necesitamos unos de otros, vivimos en comunidad. Y el lenguaje, sí, mi amado lenguaje, obra maravillas en esta necesidad gregaria que nos hace tan humanos, tan próximos, tan interesantes. Ya no es un secreto para nadie que amo la comunicación, el lenguaje, la palabra escrita, y esa maravillosa capacidad de expresar bien lo que se quiere decir… Las palabras, los gestos, la risa, la ironía, los silencios y las pausas me cautivan. Y me gustan porque me unen a la gente, y me hacen ser la persona que he llegado a ser y a aceptar plenamente. ¿Cómo logras eso detrás de una laptop o un teléfono? ¿Cómo es que hay gente que se enamora online? ¿Nunca han disfrutado del placer que produce un “te quiero” en el oído, una caricia al descuido, una mirada que encanta? Y no hablemos del sexo virtual… ¡Eso simplemente no existe, tal como todo lo virtual!

Dios es una Persona que se comunica. Es quizás Su característica más transferible… De hecho, somos gregarios, comunicantes y sociales porque Él lo es. Hebreos 1:1-2 dice que Dios siempre ha hablado, se ha comunicado con la humanidad, por medio de patriarcas y profetas, y por medio de Su Hijo, Jesucristo. Dios es un Dios que no se queda callado, que expresa Su voluntad, que comparte, que busca a la humanidad hasta encontrarla. Y tal como tú y como yo, lo hace porque ama, porque quiere conectarse, porque anhela la comunicación. Y, su Palabra escrita es la mejor prueba de ello. El lenguaje humano hizo posible esa comunicación divina, debemos sentirnos agradecidos por el lenguaje, y honrados por tanto amor demostrado a través de ese lenguaje.

¿Tú crees que el apóstol Pablo habría usado las redes sociales si viviera en este tiempo? ¡Claro que sí! Él era un gran comunicador… Y él habría hecho un excelente uso de todas esas redes para comunicar las Buenas Nuevas de salvación. Él habría publicado fotos en su Instagram de todas las iglesias que visitaba, habría usado el Twitter para denunciar los atropellos al evangelio, y habría diseñado una verdadera red de oración en su WhatsApp y en su página web. Sus cartas las habría mandado por e-mail, no hay duda de ello. ¿Sabes por qué estoy tan segura de esto? Porque Pablo nunca desperdició ningún recurso de su tiempo, él sacaba el máximo provecho de todo lo que tenía a mano, por el bien del Evangelio, y de la obra de Jesucristo. (¿Acaso no sacó partido de su ciudadanía romana para llegar a Roma, hasta el mismísimo César?). Lo que nunca habría hecho Pablo es tomarse selfies, ni publicar sus comidas en restaurantes de moda, ni sus viajes personales de placer, ni hubiese entrado en discusiones vanas con gente necia. No, no lo habría hecho.

En esta loca época de cuarentena, he apreciado y anhelado el fino arte de la conversación en persona. Sí, lo sé… Ya no podemos visitarnos, es un estrés la lavadera de manos, el uso incómodo de la bendita mascarilla, la paranoia del contagio. Ya no podemos reunirnos a tomar café y hablar de lo que sea, de nada y de todo, ya no podemos reírnos como unos tontos, ya no. Y, sin embargo, las pocas veces que me he reunido con amigas lo he disfrutado al máximo, como un raro placer que no se sabe cuándo pueda repetirse. Es justo en estos días de soledad que he descubierto el valor de la cercanía, de una voz amiga, de comer con gente que te aprecia, de escuchar las cuitas de quien sufre. ¡Y nada de eso se puede hacer, verdaderamente, de manera virtual!

(Oye, si consigues el manual de etiqueta para uso del WhatsApp, me lo pasas por favor… porque, como dice la canción, ¡Se me hace urgente!)

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

11 respuestas a «¡No me importa!»

Hello mi amada Francis, justo hoy conversaba con una personita la cual le llegan tus Link que envías y sí!!! Muy interesante lo que escribes y certero!! Parece tenerte frente hablando todas estas cosas que escribes de muy interés! Y sí. Ciertamente lo afirmo, no eres muy muy amante de las redes sociales. Pero las circunstancias te permitieron acercarte a ellas, como el WhatsApp!!!! Mi bella hermosa Francis. Excelente este post, comentario… Bueno! Lo que escribes. Jajaja.

Excelente post y muy de acuerdo con usted, la necesidad de reconocimiento de mostrar todo, que es al final una carencia. Mis respetos, siempre genial

Debemos ser educados en el uso de las redes, muchos se les despierta el espíritu de paparazzi y publican hasta lo que no se debe, en los grupos de WhatsApp hay una lista innumerables de imprudencia que agobian y traen intranquilidad.

Agradecida amada hna por esa capacidad de expresarte oral y en forma escrita, porque por mediio de ambas puedo difrutar y aprender de los temas variados que desarrollas.
Ah me identifico contigo, no me gustan mucho los grupos de wathsApp, pertenezco algunos, por necesidad de conocer y recibir informaciones de mi interes.Dios te bendiga y colme de su sabiduría e insufle animo, fuerza, para llegar a la meta que te has propuesto.Mi mejor apoyo, la oración.Stgo 5:16.

Maravilloso. Creo que todo va por moda, en una época fue el messenger, luego el Facebook, después el Twitter, Instagram, ahora Tiktok y no se cuántas más puedan venir. Lo que si es cierto es que si no le das el debido uso a las RRSS puedes encontrarte en el círculo de la mayoría exponiendo sus vidas y las de sus familias sin recato alguno.
Soy pro tecnología, más no pro a la invasión de la privacidad.
Completamente de acuerdo con tu gran apreciación de cómo usaría Pablo el apóstol las RRSS en esta época. Aprendamos de él.
Viene a mi mente este pasaje en Efesios 5:15-16 «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo,porque los días son malos.»
Un gran abrazo.

Maravilloso tema de actualidad y me tomé el atrevimiento de pasarlo a personas conocidas, con la esperanza de que haya una reflexión y un mejor uso de las redes.
Muy acertado el comentario con respecto a Pablo y si le hubiera dado uso a las redes. Esto me llevó un poco mas allá en mi mente e imaginé a nuestro Sr Jesús con todas esas redes sociales a su alcance aprovechándolas al máximo para la difusión del msj salvífico. Su ministerio de 3 años se hubiera simplificado, por lo menos, a 6 meses, pero también lo hubiéramos visto botando piedra con Pedro y las publicaciones de las cestas de peces y panes multiplicadas,en su estado de wasapp.
Una vez mas te felicito, muy acertado y refrescante el tema. Dtb

Estoy de acuerdo contigo el de tener cuidado de lo que publicamos, sobre todo cuando uno no se encuentra en su país y está acostumbrado que de nada saca un chiste, me ha pasado que he comentado algo que para mi me parece gracioso y resulta una morisqueta para otros. Por ser otra cultura o otro modo de ver la vida donde ahora vivo.
Ahora lo que hago es compartir cosas las cuales se que son del interés común y las que son más de mi y forman parte de mi privacidad las comparto con mi círculo más íntimo.
Pero debo reconocer que estos medios de comunicación son una maravilla, sobre todo cuando me dan el consuelo de comunicarme con mi familia y sentirlas cerca a pesar de la distancia.
Pero tienes razón uno debe cuidar de su privacidad, sobre todo con sus cuentas bancarias, tampoco estar provocando envidia a otras personas con mi físico y mi cultura. 😆

Estoy de acuerdo contigo el de tener cuidado de lo que publicamos, sobre todo cuando uno no se encuentra en su país y está acostumbrado que de nada saca un chiste, me ha pasado que he comentado algo que para mi me parece gracioso y resulta una morisqueta para otros. Por ser otra cultura o otro modo de ver la vida donde actualmente vivo.
Ahora lo que hago es compartir cosas las cuales se que son del interés común y las que son más mías o forman parte de mi privacidad las comparto con mi círculo más íntimo.
Pero debo reconocer que estos medios de comunicación son una maravilla, sobre todo cuando me dan el consuelo de comunicarme con mi familia y sentirlas cerca a pesar de la distancia.
Pero tienes razón uno debe cuidar de su privacidad, sobre todo de sus cuentas bancarias, tampoco estar provocando a envidia a otras personas con mi físico y mi cultura. 😆

Las redes , Dios que dolor de cabeza, he abierto varios grupos que tienen 4 y 5 años pero recién fue tal el nivel de insolencia y lo impersonal que tuve que eliminar el grupo lo que llevo a valorar la conectividad sin atropellar, realmente estoy a punto de acabar un segundo grupo, en fin no se si son para bien o para mal, a veces creo que son como el dinero, que su carácter se lo da quien lo usa, pero es muy difícil para los mayores sentir como nos atropella el avance vertiginoso de la tecnología y como finalmente debemos ir cediendo a la brecha que ello va creando entre generaciones.
Solo digo que hay que cuidarse y saber filtrar muy bien lo que se recibe y lo que se lee. Partir del principio de que lo que vez o lees, no siempre es la verdad y si piensas que es así sustentarlo. No tragues grueso.

Tienes toda la razon en cuanto a las Redes Sociales, tienen sus ventajas y desventajas, para nosotros los cristianos debemos aprender con ellas a evitar lo malo y retener lo bueno. Tener claro su uso para que siempre seamos verdaderos embajadores del Reino. Si hay la oportunidad de usarlos para extender el evangelio Gloria a Dios, si es de edificación a los hermanos, Gloria a Dios, si hay virtud alguna en eso pensad. Pero si no es asi, no lo usemos. En eso coincido contigo. Muy buena reflexion. Nuevamente gracias.

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