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¿La Felicidad?

Desciende a las profundidades de ti mismo, y logra ver tu alma buena. La felicidad la hace solamente uno mismo con la buena conducta”. Sócrates.

Una de las cosas que más me ha gustado de la filosofía es su búsqueda y exaltación de la virtud. Y, por supuesto, detrás de la virtud tiene que venir irreductiblemente la felicidad. Por eso es que afirmo, con absoluta certeza, que la filosofía me ha reconciliado con la humanidad, con aquella humanidad que abandona la bajeza de los instintos y que orgullosa se remonta a lo más alto de los ideales que todos deberíamos perseguir.

Sí, los filósofos antiguos disertaron ampliamente en la felicidad y siempre la relacionaron con la belleza, la ética y la virtud. Consideraban que todo ser humano que se dedicara a la práctica de valores éticos era siempre la persona que lograba ser feliz. También la relacionaban con la frugalidad, que no con la abundancia de cosas superfluas sino, más bien, con el placer de tener lo que se necesita, sin que falte nada. Hacer lo que la persona le gusta y además disfrutar haciéndolo bien, era el ideal más preciado.

Increíblemente para el mundo de hoy, muchos de estos sabios pensaron que la política y las formas de gobierno eran necesarias, no sólo para guiar y gobernar a los ciudadanos, sino para que éstos encontraran la felicidad. Platón consideraba que el gobierno debía estar en manos de los mejores hombres, los más virtuosos, los que realmente garantizaran la consecución de la felicidad del colectivo. Sí, la gran mayoría de las constituciones del mundo contemplan la felicidad como el objetivo último del hombre.

Ahora, me pregunto, ¿qué ha pasado con la felicidad hoy en día? ¿Por cuáles derroteros nos ha llevado su búsqueda? ¿Hasta qué punto hemos llegado y qué hemos sacrificado para alcanzarla? Es sorprendente cómo los ideales virtuosos que llevan a la felicidad se han desvirtuado para servir al egoísmo, la simpleza, la chabacanería y el narcisismo más grosero. Ahora todos gritan derechos a la felicidad sin méritos, sin esfuerzo, desprovistos de ética, sin el respeto más básico y atropellando el bienestar del prójimo. Y me pregunto, ¿eso es la felicidad? ¡Platón y Epicuro están revolcándose en sus ínfimas cenizas!

Hoy, las amantes salen de sus convenientes sombras para exigir SU felicidad, por encima de los intereses más preclaros de la moral (de nuevo los pronombres posesivos… MI felicidad). “Yo también merezco ser feliz”, aseguran furibundas, sin percatarse que nadie puede ser feliz en detrimento de la felicidad de los demás, y mucho menos de niños inocentes. El egoísmo y la desfachatez signan ahora ése tipo de relaciones que siempre han existido, pero que nunca antes, como ahora, habían salido a la luz de manera tan grosera y reivindicativa.

Hoy, todos nos llenamos de cosas que realmente no necesitamos, envueltos en un maremágnum de consumo que nunca llena las expectativas de nadie, más bien, nos deja vacíos y agobiados por la insatisfacción. Es un círculo vicioso que no tiene cómo parar, siempre queremos más, porque nos hacemos adictos a la sensación de felicidad efímera y momentánea que producen los objetos nuevos y relucientes.

Hoy, ningún político se acuerda de ese ideal de antaño, ése que lo comprometía a asegurar la felicidad del colectivo, ahora lo que importa es la felicidad de los de la cúpula mandante. No se preocupan por el bien común, ni siquiera les da vergüenza la miseria y el hambre de los ciudadanos, porque lo que importa es SU bienestar, SU vida, sólo importan SUS intereses personales. “¿Qué el pueblo tiene hambre? Pues, ¡qué coman pasteles!” Ay, María Antonieta, ¡qué mal nos veo!

Y una vez más, ¿qué tiene que decir la Biblia acerca de la felicidad? Dios tiene un concepto muy propio y único acerca del hombre feliz… En la Palabra de Dios, el hombre feliz es bienaventurado. El Salmo 1 dice que bienaventurado o feliz es el hombre que anda en camino de virtud y de justicia, es un hombre que no se sienta ni anda con gente mala. Dice que en las Escrituras está su delicia y que medita en ellas de día y de noche. En Mateo 5, el makario en griego, el feliz, es aquel pobre de espíritu, aquel que busca las cosas propias del reino de Dios, y el que está dispuesto a ser torturado en nombre de Jesucristo.

¿Dónde fue que perdimos la brújula? Y no reflexiono desde la perfección y la virtud, lo hago desde la bajeza más abyecta. En estos días vino a casa Silvana, mi sobrina de 15 años y, después de ver mi freidor de aire, mi arrocera y mi cafetera exprés, sentenció, con la honestidad propia de su edad, que yo tenía una marcada obsesión con los electrodomésticos. “Tía, ¿por qué compras tantas cosas? Cada vez que vengo encuentro algo nuevo que no necesitas”. Nunca ha sido Silvana más exacta en sus apreciaciones.

Sí, compré el freidor de aire para darle mi hornito eléctrico a mamá, pero ¿para qué quiero una arrocera si mi arroz, en mi calderito de siempre, me queda de rechupete? ¿Para qué quiero una cafetera exprés si cada tarde voy con mi esposo a tomar sendas tazas de café espumoso? La verdad es que desde que tengo esos aparatos en casa, la felicidad se me ha hecho aún más huidiza. Ahora, me agobia que el arroz quede aguado y que el café no resulte espumoso. Y no, el dinero no me sobra, no. Sólo soy una tonta que no piensa antes de actuar.

Sí, ya lo sé, el consumismo no trae la felicidad. Pero ya me lo había susurrado Aristóteles al oído, “Helenita, la felicidad está en hacer el bien”. La Biblia, por su parte, me lo ha dicho una y otra vez, “mi niña, encuentra la felicidad presente y futura en una vida santa, que agrade a Dios”.

¿Cuándo lo vamos a entender? Sólo cuando echemos nuestra mirada atrás y nos percatemos lo felices que éramos cuando la sencillez, el respeto, la frugalidad y el calor humano era todo lo que teníamos.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

5 respuestas a «¿La Felicidad?»

Que más podría yo aportar a tú felicidad que se pueda deslindar de la mía; soy feliz leyendo tus reflexiones, soy feliz cuando Dios me habla por medio de su Palabra y soy feliz meditando en cada una de sus enseñanzas, exhortaciones y promesas… Go Blessed my friend Francis.

Muy cierta tu reflexión sobre la felicidad..ese encuentro íntimo que te produce satisfacción y encuentro auténtico con otros .

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