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La soledad es una pérdida de tiempo

Nada puede ser más triste que una copa de vino en solitario. La soledad es una pérdida de tiempo”. Cry to me. Bert Berns.

Mi hermana mayor es una gran inspiración para mí. Muchas veces tengo ideas bailando borrachas en mi cabeza, y Rosa las pone de pie, les sirve una taza de café cerrero y les da la sobriedadque necesitan para plasmarse, con cierta coherencia, en esta plataforma tan personal e íntima como es para mí este blog.

En estos días Rosa me envió un video de The Voice, famoso programa de concurso musical, donde Sir Tom Jones cantaba “Cry to Me”, la famosa canción de los ´60 que habla de lo triste que es la soledad. Ese señor ya tiene 82 años y está canoso y mayor, pero su voz y encanto están intactos. Tom Jones cantó con soltura, mientras instaba a todos a llamarlo si alguna vez se sentían solos, prometiendo acompañarlos en el camino para juntos acabar con la soledad. El público gritaba y bailaba emocionado, mientras pedía más y más de esa voz aterciopelada. ¡Nunca The Voice ha tenido un juez más carismático y complaciente como este señor!

Yo creo que le voy a tomar la palabra a Tom Jones porque, si algo no quiero en esta vida es estar sola. Y sí, paso gran parte del día en solitario, pero hay una gran diferencia entre estar sola y estar sola en la vida. A ver si puedo explicarme en estas pocas líneas.

El ser humano nace solo, y también muere solo. Estos dos eventos, uno de entrada y el otro de salida, entrañan el inicio y el final de la vida y están signados por una gran carga de miedo y estrés producido por lo nuevo y lo desconocido. Nada traemos a la vida y nada nos llevamos a la muerte. Esto es un hecho indiscutible e ineludible. Ah, pero ¿qué de todo lo que está en medio de esos dos eventos solitarios? ¿Qué de la vida? Esa sí que no está determinada por la soledad, y esa etapa es la que realmente vale la pena vivir, y vivir en buena compañía.

Dios nos hizo a Su imagen y semejanza. Eso quiere decir que compartió con nosotros una serie de cualidades divinas completamente transferibles que nos hacen ser quienes somos, personas con capacidad volitiva, con un espíritu para relacionarnos significativamente con nuestro Creador y con un acertado sentido gregario para relacionarnos significativamente con nuestros semejantes. Y nos dio uno de los regalos más hermosos, la capacidad de comunicarnos inteligiblemente a través del lenguaje. ¿Acaso necesitamos más?

El ser humano no fue hecho para la soledad, muy por el contrario, fue creado para vivir en sociedad. Cuando Dios notó que no era bueno para Adán estar solo se dio cuenta que las relaciones son una gran parte de lo que somos. Nunca se me olvida aquella clase de Cívica de 1er año de bachillerato que sentenciaba solemnemente que la familia era la base de la sociedad. En aquel momento, con 13 años y el fastidio propio de la 1 de la tarde, no podía entender toda la dimensión de esa enseñanza, pero con el correr de los años y de la madurez ahora comprendo cuánta verdad encierra ese concepto.

La vida tiene sus etapas y a lo largo de cada una de ellas estamos rodeados de gente: De padres, hermanos, tíos, sobrinos y primos, hijos, maestros y compañeros de clase, vecinos, amigos ¡y unos cuantos enemigos también, no faltaba más! También contamos con hermanos en la fe, y más enamorados de los que queremos reconocer. La vida es un hecho social, es un aprendizaje en colectivo, y como tal se aprende a transitar en ella. Cada etapa trae consigo sus retos y la compañía más adecuada.

En estos días me llamó Olga, una gran amiga de años y años que vive en Estados Unidos hace más de una década. Me llamó a propósito de la partida de su padre unas semanas atrás. Hablamos de su vida en América, su esposo e hijos y cómo conjugaba sus tres culturas, la colombiana, la venezolana y la norteamericana. Me habló de sus amigas gringas y cómo muchas veces se producía un marcado desencuentro entre su cosmovisión y la de ellas. Ante el doloroso cáncer de su papá que finalmente cobró su vida, sus amigas la instaron a llevarlo a un geriátrico, a lo que ella se negó tajantemente: “Mi papá nunca me molestó, nunca me pesó. Para mí era un honor cuidarlo”.

Sí, el hecho social también está teñido de aspectos culturales. La gente de Latinoamérica corre con su familia a lo largo de todas las etapas y procesos de la vida, y a mí la verdad me gusta mucho eso. Aquí criamos a los hijos hasta que son bien adultos, lidiamos con los sobrinos, cuidamos nietos y pasamos las tardes con los primos después del colegio, compartiendo meriendas, bicicletas y peleando por el control de la tele. Aquí todos se meten en la vida de los demás y cuando ya molesta la injerencia, lo decimos a grito pelao y bien clarito, y todos felices y contentos. Así somos, y no hay nadie que nos pueda cambiar.

En la época bíblica, a lo largo de los dos Testamentos, el sentido colectivo y social era muy fuerte. La independencia personal y el individuo eran valores y conceptos muy ajenos a la realidad de esos tiempos antiguos. El sistema de honor y vergüenza era muy fuerte, lo que una persona hacía podía influir o afectar a todo su extenso grupo familiar. Esta es una de las razones por la que los hermanos y la madre de Jesús lo buscaban y se preocupaban por él. Jesús era famoso por su verbo y sus acciones. Con seguridad su familia sufría los dimes y diretes que resultaban de sus andanzas por el ministerio que llevaba a cabo en Galilea y Jerusalén.

Ya lo he dicho, las relaciones sociales tienen mucho que ver con la cultura. Y si bien la independencia individual es la que marca la pauta en estos tiempos, a mí me gusta la calidez familiar de mi gente, de mis amigos y hermanos. Me gusta esperar a mi esposo al final de la tarde y tomarme un café con él mientras hablamos del día. Me gusta recibir a mamá los sábados y ver tele con ella, aunque se duerma apenas comience la película. Disfruto de cada llamada de mis hijos, del mensaje de texto constante, tan constante que muchas veces obviamos el “hola” y vamos directo al mensaje mismo. Me gusta caminar con mis amigas y hablar de nuestras cuitas en el trayecto.

Y sí, por supuesto que hay peleas y desacuerdos. Hace poco me vi en la necesidad de aclarar algunas cosas a alguien muy cercano, quien me escuchó y aceptó lo que le pedí sin más, para continuar siendo las mismas, con la misma complicidad, pero ahora con más respeto. Porque es que el ser claros no es problema, más bien, es necesario para continuar juntos.

Yo quiero vivir en comunidad, quiero ser viejita con mi esposo viejito. Quiero vivir en un nido vacío tranquilo, lleno de paz y sana compañía. Además, creo firmemente que nadie puede ni debe morir solo. Quiero estar allí si él parte primero, quiero que él esté allí si soy yo la que se va adelante. Quiero acompañar a mi madre hasta el final porque, eso sí, no quiero que viva la pérdida de ninguno de sus hijos. Quiero estar con ella, aunque peleemos por todo, porque ella no me pesa. Quiero estar en la vida de mis hijos, aunque cueste un dineral, porque es que para estar en la vida de alguien no necesitas estar en persona, sólo necesitas estar presente, y visitar cuando se pueda, y luchar para que se pueda.

Yo creo que Dios no se equivoca, y si nos hizo seres sociales por algo lo habrá hecho. Jesucristo mismo prometió estar con nosotros hasta el fin, dándonos a entender que sin Él no será mucho, ni bueno lo que podamos hacer. Es que, la relación con Dios es la base de todo, es la relación primaria que condiciona la calidad de las demás relaciones. Sí, la dejé de último, pero es que quiero que se quede en tu mente, para que reflexiones, para que sepas que Él nos creó con el firme propósito de relacionarse con nosotros, de manera personal y también colectiva.

No es bueno estar solo. Cultivemos relaciones significativas que enriquezcan nuestras vidas. Dios así lo quiso y, a ver, ¿quiénes somos nosotros para decir o querer lo contrario?

Gracias, Rosa, hermana. Nuestra relación diaria es un bien muy preciado para mí.

Si quieres ver y escuchar a Tom Jones allí tienes el enlace. ¿Será que lo llamo y me acompaña un día de estos?

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

4 respuestas a «La soledad es una pérdida de tiempo»

Quiero escribir tantas cosas, porque este escrito me ha dejado tanto. Diré una por ahora: cuánta generosidad, no…mejor diré dos: cuan filosófica reflexión ésta, y una tercera: que amena lectura con la que uno se puede identificar. Diré eso….por ahora

Dios te bendiga amada hermana Francis. Es una verdad muy genuina. No queremos ni debemos estar solos, al menos como un sistema de vida. Dios quiere que vivamos juntos y en armonía. Gracias por compartir y, de esta manera ser parte de nuestras vidas y sentir tu compañía. Gracias y que Dios te bendiga.

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