Categorías
Lectura Bíblica

Ética para la vida

Sólo Dios puede hacerte sabio; sólo Dios puede darte conocimiento”. Proverbios 2:6

Esto de estudiar filosofía ha resultado una grata y aleccionadora sorpresa. En un mundo donde el egoísmo y la injusticia imperan, percatarse que uno de los motores de la filosofía marcha hacia el vivir una vida virtuosa es francamente tranquilizante. ¡Es que cada vez estoy más segura que la filosofía me reconcilia con la humanidad! Justo ahora comenzamos un segundo módulo donde estudiaremos antropología y ética, y no puedo estar más emocionada. Sí, a mí las cosas difíciles no me retan ni atemorizan, más bien me llenan de emocionante expectativa.

La clase de este viernes acerca de la ética fue deliciosa. Tenemos un profesor que propicia la conversación nutritiva, y siempre procura resaltar el comentario de valor de cada una de las intervenciones de sus alumnos. Discutimos acerca del concepto de la ética. Además, se nos animó a construir una definición propia de la misma. Confieso que aún como que no tengo una visión clara del tema, pero para eso asisto a clases, para entender y formar un criterio personal. Porque la verdad, si quiero leer conceptos acartonados de un libro y repetirlos como un loro, pues para eso me quedo en casa, en mi biblioteca.

La cosa es que, ya te lo he dicho, no puedo acercarme a la ética, por ejemplo, sin vincularlo con Dios y Su Palabra, porque estoy convencida que no hay tema en el que Dios no tenga algo que decir. La Biblia habla de ética, sobre todo relacionada con la prudencia, aquella que se practica no sólo para llevar una buena vida, sino también, y principalmente, para agradar a Dios. Pero primero creo que debo hablarte de la sabiduría griega y hebrea, y cómo ellos la desarrollaron y practicaron.

La sabiduría para los griegos es una plataforma para discutir la vida, para pensarla y reflexionarla. Así como sé que Dios siempre tiene algo que decir acerca de cada tema bajo el sol, así mismo creo que no hubo nada que los filósofos griegos no examinaran y de lo cual no disertaran acaloradamente. Los griegos amaron el debate y a ello se dedicaron con justo encono. No en vano son los padres de la cosmovisión que hasta el día de hoy sostiene a Occidente. Estos señores son los artífices de casi todo lo que hoy conocemos y vivimos en el campo de la política y lo social, la matemática y las ciencias, las artes y la estética. Sin ellos quién sabe qué sería de nosotros. Pero, su énfasis estuvo principalmente en la reflexión, no en la ejecución.

Para los hebreos la sabiduría no es algo para discutir sino más bien para llevarla al plano de lo práctico, en lo cotidiano. El pensamiento hebreo también está centrado en la virtud y la ética, pero no como asuntos para disertar sino como valores que hay que incorporar en la vida, porque así lo quiere Dios y a Él hay que agradar. La sabiduría hebrea es popular, de la rutina y del día a día, de la ama de casa, del hombre que sostiene responsablemente a su familia, del niño que sigue el oficio del padre. Sus temas se alejan de las ciencias y las artes y se acercan a la prudencia, la laboriosidad, el respeto al matrimonio, el peligro de las riquezas y el amor por todo aquello que me pone a buenas con Dios, y que hace que Su rostro resplandezca complaciente hacia la persona justa y virtuosa. Para el hebreo, la sabiduría no tiene valor sino sirve para la vida. Eso de pensar, pensar sólo lo hicieron el rey Salomón y Pablo de Tarso.

La ética me hace recordar ese árbol que estaba en el huerto del Edén, del que Eva comió su fruto, con el deseo (nada prudente) de llegar a ser como Dios. Ése árbol, según Génesis, le daría acceso a la conciencia del bien y del mal. Allí realmente radica lo atractivo de lo que la serpiente propuso a esta mujer. Por allí van los tiros con la ética, saber lo que me conviene y lo que no, lo que está bien y lo que está mal, y entonces, actuar en concordancia.

Proverbios asegura que el principio de la sabiduría es el temor a Dios, en otras palabras, todo el que quiera ser sabio debe empezar por obedecer a Dios. ¡Un principio éste verdaderamente alto! Eclesiastés no se queda atrás y, después de una serie de cavilaciones acerca del porqué de la vida, concluye que temer a Dios y guardar sus mandamientos es el todo del hombre. Y, además, nos recuerda que algún día Dios nos llamará a cuentas por todo lo que hayamos hecho, tanto lo bueno como lo malo, nos hayan visto hacerlo o no. Porque es que el hebreo tiene siempre presente que su Dios lo ve todo, lo sabe todo, y está en todo. Eso sostiene la ética bíblica. Pero, ya va, no te confundas, esa ética no está allí para ser practicada desde el miedo, sino desde el amor y la reverencia a Dios.

Más adelante, en el Nuevo Testamento, Pablo asegura a los corintios que todo realmente es lícito, pero no todo conviene. Este prolífico escritor bíblico es harto conocido por lo que se ha llegado a llamar la “ética circunstancial”, aquella que no se pone en marcha sin antes evaluar el contexto que permea la situación en cuestión. Por ejemplo, puedes beber algo de vino, pero si va a afectar a tu prójimo, no lo hagas. Allí la conciencia juega un papel preponderante en la construcción de la ética para la vida, aquella que actúa en función al bien social, que no para satisfacer los propios y egoístas intereses de cada quien. También demuestra que la ética no está para ejercerse ciegamente, porque no somos robots, somos personas pensantes que debemos saber exactamente dónde nos aprieta el zapato.

Uno de mis escritores favoritos es Fernando Savater. Este pensador español escribió un hermoso y sencillo libro sobre ética que llamó “Ética para Amador”. Amador es su hijo y el libro está escrito en forma de una preclara conversación entre un padre que desea introducir a un adolescente en el difícil mundo de decidir y decidir bien. Porque, después de todo, eso precisamente es la ética, el embriagante privilegio de decidir del que gozamos todos los adultos, con la responsable capacidad de hacerlo bien, en función y en pro de una vida que valga la pena, una que agrade principalmente a Dios.

¡Allí ves a los griegos y los hebreos, tomaditos de la mano de lo más felices!

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

Una respuesta a «Ética para la vida»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.