Categorías
Personal

Humanos

I´m only human after all. Don´t put the blame on me”. Human. Rag ´n Bone Man.

Ayer estuve una vez más en una cola kilométrica con la esperanza de ser vacunada. Sí, esta era mi segunda cola. El llamado era para los vecinos mayores de 60 años de mi urbanización. ¿Por qué estaba yo allí? Bueno, me dije que si acompañaba a mamá seguramente la gente de Insalud haría una excepción conmigo, a pesar de mis 52 años. ¿Qué te puedo decir? Después de todo, sólo soy humana. No me culpes por eso… Ajá.

Llegamos a la plaza acordada para la jornada un poco después de las 6 de la mañana. Estábamos apertrechadas con desayuno, agua, y banquitos para sentarnos, sabiendo que el día sería rudo. La gente comenzó a llegar nerviosa, muchos jóvenes decididos a hacer la cola para sus padres y abuelos. Los vecinos se reconocían, alegres de disfrutar de vacunación en su propia zona, en una hermosa plaza que se ha convertido en el lugar comunitario por excelencia. Al principio hubo cierto orden y respeto. La jornada prometía ser fluida y rápida. Después de todo es sólo un pinchazo, ¿no?… Ajá.

La cosa se puso ruda cuando comenzó a llegar gente de las urbanizaciones aledañas e incluso de otros municipios. La voz de vacunación se corrió como pólvora y todos se apersonaron con demandas de derechos… “La vacunación es un derecho de todos” se decían unos a otros. Y yo me apegué a esa consigna también. ¿Por qué 60 y no 52? ¿Qué son 8 años? Mis hijos me repiten a diario lo viejita que estoy. Bueno, ha llegado el momento de demostrarlo. ¡Yo voy a ser vacunada! Después de todo, no pueden echar a la acompañante de una anciana, ¿no?… Ajá.

En la cola me conseguí a Laura, una vecina y amiga que es de una isla de las Antillas pero que tiene muchos años en el país. Ella es alegre y dicharachera y suele sazonar su conversación bilingüe con una que otra grosería en español porque, según me dijo una vez, a ella las malas palabras venezolanas no le sonaban a nada. Ella estaba calmada, cero estrés, a pesar del alboroto a su alrededor. Me dijo que ella tenía 71 años, así que la jornada le pertenecía. Pero, ella sí insistía en saber qué vacuna estaban administrando. Cuando se enteró que era la Sputnik V, Laura se me acercó y me dijo que se iba a su casa porque la vacuna rusa no era aceptada para viajar a Europa, donde viven sus hijas. Yo le compartí mi empeño en vacunarme porque debía viajar al Cono Sur. Ella, con su acostumbrado desparpajo, me dijo: “Ah no, no te preocupes, con vacuna o no, viajar en pandemia es un fastidio. Después de todo, aún vacunada te exigirán una gran cantidad de exámenes, ¿no?, yo me voy” … Ajá.

Yo pasé gran parte del tiempo tratando que a Mamá la colocaran en la cola especial de los ancianos de 80-90 años. Pero el despelote era tal que la doctora de Insalud encargada de ese tipo de beneficios no se daba abasto ante las demandas de todos. El personal a cargo de la jornada estaba conformado por estudiantes de la salud, jóvenes entusiastas pero cansados por el maltrato y la altanería del público, además de doctores, enfermeras y voluntarios. La gente se portó muy mal, el civismo rodaba por el suelo. Después de todo, Insalud está aquí para servirnos, ¿no?… Ajá.

El gobernador Lacava, vecino nuestro, se apersonó en el lugar con promesas fáciles. “Aquí todos se van a vacunar, yo lo garantizo”, gritó muy seguro de sí mismo. La gente recibió esa promesa con júbilo. Después se fue, dejando una polvoreda de esperanza electorera, propia de todo político populachero. Mi esperanza de ser vacunada a pesar de mi edad se fortaleció, y allí seguí en la cola, junto a mi madre. Después de todo él es el gobernador, ¿no?… Ajá.

Los seres humanos somos así… Nos aferramos a ilusas esperanzas sin asidero alguno porque lo importante, después de todo, es conseguir lo que creemos nos pertenece y a lo que tenemos derecho, no importando las circunstancias o las personas involucradas. En la Biblia hay muchos ejemplos de este tipo de abusos. ¿Por qué no? Los personajes de la Biblia también son humanos, no los culpes por eso.

Personas abusadoras en la Biblia muchas… Jacob y su tío Labán siempre encabezan la lista. Esos dos se dieron duro, con truhanerías dignas de la picaresca española. Que si te prometo una hija y te doy otra, que si fuerzo la naturaleza a mi favor, a ver cómo te aventajo en trucos y corrupción. Siempre me preguntó cómo es que Dios permitió tanto a estos dos bandidos.

Otro ejemplo es el del siervo de Eliseo, Giezi, quien pretendió cobrar la recompensa ofrecida por Naamán a su señor a escondidas, aun sabiendo que Eliseo se había negado a recibirla. Y como siempre, las consecuencias del pecado son muy claras, Giezi recibió la lepra de Naamán como castigo a su corrupción. Es que, ya lo dije, los humanos somos una cosa seria.

A ver, ¿y qué pasó con nosotras, mi madre de 82 y su hija de 52 en esa jornada de vacunación? Bueno, yo conseguí colocar a Mamá en la fila de ancianos, y yo como su acompañante pude estar allí con ella. Cuando llegamos a la mesa donde entregaban el cartoncito previo a la vacuna, la chica pregunta a Mamá si está pasando por algún proceso viral y ella le contesta que tiene una gripecita y que está tomando un antigripal. La chica la miró a la cara estupefacta y le dijo que en esas condiciones no podía vacunarse. No te preocupes, Mamá está muy bien.

¿Y yo? Pues, la misma chica toma mi cédula, comienza a tomar mis datos, me pregunta la edad, yo le digo que tengo 60 años, ella lo anota, pero revisa mi fecha de nacimiento. “Señora, ¿1969? Usted no tiene 60. ¿Qué hace en la cola?” Y no hubo argumento posible… “Usted no se puede vacunar”. ¡Qué vergüenza sentí!

Y es cierto, ¿qué necesidad había de pasar por todo esto? ¡Ninguna! Pero la verdad es que toda esta odisea que describo es producto, en parte, de la desesperación que produce vivir en un país desordenado, sin recursos, sin políticas sociales serias y con una anarquía rampante, sin freno.

Sólo soy humana, después de todo. No me culpes por eso.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.