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Honra y honor

Entre la niñez y la vejez hay un instante llamado vida”.

Estoy empeñada en ver series coreanas, muy a pesar de las barreras del idioma. Son muy lindas, la verdad, y me conectan un poco con los gustos de Silvana, mi sobrina de 14 años. En estos días me llamó la atención una serie llamada Navillera, que cuenta la historia de un señor de más de 70 años que, tras su jubilación, decide perseguir su sueño de ser un bailarín de ballet. Cuando va a un estudio a inscribirse como alumno, el dueño decide darle el proyecto de enseñarle a un chico de 23 años que se está entrenando para competir en un concurso de bailarines muy importante en Paris. La historia cuenta cómo estos hombres tan diferentes se embarcan en una aventura apasionante que los lleva a cumplir sus sueños, así sea a trancas y barrancas.

Más allá de las historias detrás de una serie (y de lo bellos que son esos coreanos) me causa mucha curiosidad ver cómo viven otras personas en este mundo. Las series extranjeras son una ventana a nuevas culturas, valores y realidades. Por ejemplo, en Navillera se puede ver el gran respeto que los surcoreanos tienen a las personas mayores. Y cuando los derechos de las personas de la tercera edad se ven vulnerados, siempre hay una vuelta atrás, una rectificación que reivindica el estatus especial que los ancianos disfrutan en esa sociedad.

Sí, ver series extranjeras (más allá de las norteamericanas que inundan e influyen nuestros pensamientos) me lleva inevitablemente a comparar mi realidad con la realidad plasmada en la pantalla de mi tele. Y me pregunto, ¿respetamos así a nuestros mayores? No estoy segura. La cultura venezolana impulsa la responsabilidad de vivir con nuestros ancianos. Aquí no se acostumbra a colocar a los abuelos en asilos… Pero de eso a respetar y honrar su vida como es debido, hay una distancia muy grande.

Mi madre tiene 82 años y vive con mi hermano y su familia. Ella disfruta de un maravilloso espacio independiente, amplio, con una sala, y una habitación donde, además ha puesto una kitchenette. Ese espacio tiene un jardín hermoso, pletórico de matas y flores, que ella cuida con esmero y dedicación. Mi madre vive rodeada de niños que la aman increíblemente, y llenan sus días de actividades y tareas propias de su edad. Yo vivo muy cerca, a unas seis cuadras, en la misma urbanización. Mamá siempre me visita, siempre compartimos uno que otro almuerzo, y semanalmente pasa una noche en casa, haciéndome compañía cuando mi esposo se queda en la parcela con sus cabras. Sus nietos mayores, mis hijos, ven por muchas de las necesidades de su abuela, están pendientes de ella, vigilantes de su bienestar. Sí, mamá tiene una buena vida.

Pero, yo creo que hay mucho más en el cuidado y bienestar de un anciano. Una persona mayor necesita ser valorada, y gran parte de ese valor radica en sentirse útil y tomada en cuenta. Mamá siempre, siempre tiene cosas que hacer, y proyectos en los que se embarca, estemos de acuerdo o no. Mi hermano la involucra en gran medida de la vida familiar, pues ella es responsable en parte de los almuerzos en casa. Pero, además de eso, Isidro muchas veces cuenta con ella para algunas diligencias, y mamá siempre las ejecuta con responsabilidad y un gran sentido del deber.

No creas que estoy muy de acuerdo con eso… A mí me gustaría tener a mi madre en mi casa, viendo televisión, cosiendo y leyendo plácidamente, pero ella no es así y no permite que yo la aleje de sus responsabilidades. Muchas veces la he invitado a vivir en mi casa, y se niega rotundamente. Ella dice que es mucho lo que aún puede ayudar en casa de mi hermano, dice que en mi casa no hay nada que hacer. Ella vivirá en mi casa cuando ya no pueda valerse por sí misma, y aún falta mucho para eso.

Ahora que lo pienso bien, creo que Isidro ve a mamá como una persona de 30 años, joven, capaz, independiente… Y yo la veo como una viejita de 100 años, apocada, acabada, a quien hay que cuidar porque es frágil. Y ella, ¿cómo se ve? Pues, ni muy muy, ni tan tan… ella sabe que está mayor, y conoce sus limitaciones, pero no por eso se anula. Ella está empeñada en vivir plenamente, hasta que no pueda valerse por sí misma… Mira, ¡qué visión tan sana tiene esta señora de la vida!

En un país donde la situación económica es agobiante, donde los recursos se diluyen en el bien de una pequeña élite política, donde las familias se fracturan por la separación física producto de la migración masiva, no estoy muy segura que haya un respeto por la vida de los ancianos. Sí, el venezolano carga con sus viejos, pero ¿realmente ve por ellos y sus necesidades integrales? No lo sé. ¿Cómo saberlo? La honra a los ancianos es un deber que no puede tirarse por el caño, porque si aflojamos, ¿quién va a cuidar de nosotros, y los que vienen detrás de nosotros? Si nos embarcamos por este camino de irrespeto y desamor, vamos a terminar siendo un pueblo sin raíces.

En la Biblia, el anciano es de muy grande estima. En Efesios 6:2-4 hay un hermoso mandamiento que dice que debemos honrar a nuestros padres, y viene acompañado de una importante promesa… “Si honras a tu padre y a tu madre, tendrás una larga vida sobre la tierra”. Esta promesa asegura que cada generación esté protegida del abandono y el deshonor. Porque es que, nos guste o no, nuestros ancianos son nuestra responsabilidad.

Hoy, mi madre y yo somos grandes amigas. Compartimos tantas cosas, nos enfrascamos en tantas discusiones, nos embarcamos en tantos proyectos, que a ella no le va a dar tiempo de apocarse en una vejez anulante e inútil. Ella se la va a llevar el Señor en pie de guerra, activa, dueña de sí misma, rodeada de nietos que pudieron disfrutarla al máximo. Ante la muerte reciente de una de sus hermanas mayores, Cristina ahora es la matriarca indiscutible de aquella familia que un día fundaron mis abuelos. No sólo sus hijos y nietos la honran, sino también muchos sobrinos que ven en ella los vestigios de sus raíces familiares.

Es mi oración que los ancianos de este país disfruten de una vejez así, fructífera y llena de honor. Porque la honra poco tiene que ver con dinero y recursos. Más bien tiene que ver con respeto, cuidados y amor. Y una memoria que permita recordar todo lo que esos ancianos hicieron una vez por nosotros.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

2 respuestas a «Honra y honor»

Muy interesante y real el tema de los adultos mayores y estoy en total acuerdo que merecen nuestro apoyo y nuestra honra…es muy triste ver a un viejito mendigando da mucho dolor pues no sabemos que historia hay detras de el

Bueno iba a decir algo mas. La vida ha sido hermosa con mis hijos, tengo salud,ganas de viajar,conocer a Uruguay, ver a violeta,volver a Israel,y morir con mi señor de guía
A la casa que me tiene preparada, a eso se fue hace 2000años. Dios té guarde.
Y afile tus lápices. Te amo

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