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Lectura Bíblica

Romanos 5: Pax Romana

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Romanos 5:1

La lectura es siempre un ejercicio activo de comprensión y contexto. Como lo he dicho varias veces ya, leer implica participar en el texto de tal manera que todo lo que se narra cobra vida en nuestra mente e intelecto. La Biblia, como todo libro antiguo, requiere de mucha investigación y contexto. ¿Por qué? Pues, porque es un libro que recoge realidades muy ajenas a las nuestras actualmente.

Para entender claramente las implicaciones de un texto, es necesario tener en cuenta los escenarios históricos, sociales y culturales que permean el escrito. Esto es especialmente cierto con la lectura y el estudio de la Biblia, pues conocer el contexto, por más lejano que éste sea, es muy importante En Romanos, Pablo decidió tomar todos los elementos cotidianos propios del Imperio Romano para explicar a los creyentes de la capital imperial los detalles intrincados de la salvación de Dios. Algo parecido hizo Jesús con las parábolas, el Señor tomó situaciones muy conocidas y cotidianas para explicar a los judíos los detalles del reino de Dios. En este capítulo 5 vemos la paz como resultado de la justificación por la fe.

La PAX ROMANA es el período más largo de paz conocido en toda la historia universal. Fue un tiempo donde el Imperio experimentó su más grande expansión, y la población imperial, con todas sus provincias juntas, alcanzó a 70 millones de personas. Este período, llamado también PAX AUGUSTA (por Augusto César), se prolongó increíblemente, por 206 años, desde el 27 a.C. hasta el 180 d.C. Estos 2 siglos de paz ininterrumpida tuvieron una gran influencia en su tiempo. Sencillamente fue una simple fórmula de propaganda romana, que los Césares utilizaron de forma muy deliberada para sus propósitos hegemónicos y políticos.

Los romanos no veían la paz como la ausencia de guerra sino más bien como la ocasión en la que sus enemigos eran sometidos, perdiendo la habilidad para resistir los ataques del Imperio. Augusto persuadió a los ciudadanos a pensar que la prosperidad podía alcanzarse por medio de la paz, y lo logró por medio de lujosas ceremonias romanas y la creación de monedas de circulación popular con la inscripción PAX en su reverso, como conmemoración de dichas ceremonias. Además, la literatura de la época exaltaba los beneficios de vivir durante la maravillosa PAX ROMANA. Claro, para Roma esa paz era indispensable para controlar un imperio extenso y sanguinario. Prohibir la guerra y el desacuerdo garantizaban una perpetuación de la hegemonía reinante.

Pablo escribió la carta a los Romanos hacia el año 57 d.C, durante la fuerza propagandística de la PAX ROMANA. El apóstol, siguiendo el desarrollo de la justificación por la fe, habla de paz a quienes tontamente creen saber y disfrutar de paz, un término familiar para los oídos romanos. En el capítulo 3, el apóstol hace referencia a Isaías 59:8 para describir la iniquidad de la humanidad: Al igual que los judíos, los creyentes gentiles no conocen caminos de paz en medio de su iniquidad. Es que Pablo sabe muy bien que la paz que decreta Roma no es tal. La paz no se consigue mediante órdenes imperiales, o estrategias humanas. La paz sólo tiene una fuente: Dios. Si no hay una relación con Dios mediante el sacrificio de Su Hijo, entonces no hay paz entre Dios y el hombre. Esa sí que es la verdadera paz.

En el vs. 1 del capítulo 5 encontramos la clave de toda la carta: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio del Señor Jesucristo”. Esa es la definición más clara de la carta, la justicia de Dios en el creyente trae como consecuencia la paz entre Dios y la humanidad redimida. Ya lo había dicho Jesús… “mi paz os doy, yo no la doy como el mundo la da”. La paz de Dios no se fabrica, ni se decreta, ni se construye una institución en torno a ella. La paz que predica Pablo ES la verdadera paz. A buen entendedor, pocas palabras…

Ahora, esta no será la primera vez que Pablo “usa” a los romanos. Es harto conocido que el sistema de caminos del Imperio Romano llegó a ser muy apreciado, e incluso se hablaba de que “todos los caminos conducían a Roma”, facilitando los medios de comunicación y transporte de la época. Pablo, con mucho ingenio, hace uso de la propaganda romana para hablar a los romanos. Los “caminos de paz” de los que tanto habló el imperio, se hallan sólo en los caminos rectos y justos de Dios. De más está decir que estas declaraciones paulinas no sólo eran atrevidas sino sumamente peligrosas para su tiempo.

Cuando se revisa, se estudia, y se comprende el contexto de un texto, la lectura bíblica se hace viva y real. Pablo, un hombre que nos ruega orar por los gobernantes, hace alusión abiertamente a realidades cotidianas que se ajan y se deslucen cuando se comparan con las perfectas, aunque duras realidades espirituales y divinas. Es fácil desarmar lo humano cuando ésta se basa en mentiras y falacias. El apóstol no pierde la oportunidad de poner los puntos sobre las íes, aclarando que Roma no ha inventado el agua tibia, ni tampoco juega limpio. Prometer y decretar paz en medio del sometimiento y la esclavitud de vasallos es tan falso como pretender el bienestar de una población por medio de acuerdos absurdos y fantasías de poder absoluto y delirante. Pablo, que de tonto no tenía un pelo, lo sabe muy bien y lo explota al máxima, para el beneficio de la iglesia, por supuesto.

No hay una herramienta más poderosa que leer con el entendimiento. Cuando aprendemos a leer de esa manera, nadie nos engaña. Muy por el contrario, todo se abre para dar paso a una infinidad de posibilidades y de significados. La Biblia hay que leerla de esa manera, desentrañando sus códigos ocultos, no porque haya sido escrito en clave, no. Si no porque esconde matices que sólo su lector primario conoce. Nosotros somos lectores alejados del contexto, por eso, entrar a la realidad histórica y social de un texto es un ejercicio sumamente delicioso, y perder su sabor sería un pecado imperdonable.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

4 respuestas a «Romanos 5: Pax Romana»

Muy interesante lectura y muy cierta reflexión. Me hizo meditar en lo importante de saber escudriñar las escrituras entendiendo lo que verdaderamente Dios quizo decirnos hoy a través de un escritor hace mas de mil años en un contexto totalmente diferente al nuestro, pero el mensaje sigue siendo actual. Para entender la paz de Dios la tenemos que vivir en la confianza en Él, de lo contrario, nunca la entenderemos como una realidad. La paz que da el hombre siempre es condicionada, antes y ahora; mientras que la paz de Dios es un regalo.

Desde otro punto de vista me pareció que cuando escribías al gobierno Romano, estabas describiendo el nuestro con la analogía de lograr con ellos la «suprema felicidad» para el «hombre: nuevo. Pero, qué pretensión del hombre, cuando eso sólo es posible con Cristo. Sin ÉL, todas esas oferta oferta es solo una utopía. Dios te bendiga hermana bella. Excelente.

No tendremos paz si no tenemos fe… cómo viviremos tranquilos si no creemos en nuestra salvación por Cristo….me quedó claro!… gracias Francis por la reflexión

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