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El globo de colores

La vuelta al mundo es una experiencia incomparable”. Arturo Uslar Pietri

Arturo Uslar Pietri era un escritor venezolano muy conocido por su erudición y sus consejos preclaros y acertados a los dirigentes de este, su país. Él fue la persona responsable de esa famosa frase “sembrar el petróleo”, a la que nadie hizo caso. Yo me percaté de su omnipresencia en el ámbito nacional cuando era muy pequeña, pues el conducía un programa de opinión, donde llamaba a su audiencia “mis queridos amigos invisibles”. Mi padre lo admiraba muchísimo, y mi madre comenzó a darme sus libros para que yo los leyera. La cosa es que este señor ciertamente era una maravilla, pero sus libros siempre me aburrían porque eran densos y eruditos como su autor. A los 11 años es muy duro consumir ese tipo de literatura.

Pero una vez me tropecé con un libro de Uslar Pietri que me atrapó e hizo que viera a su vetusto autor con otros ojos. “El Globo de Colores” es una delicia, pues recoge algunas de las bitácoras de viaje de este insigne personaje de las letras venezolanas. El libro comienza con Nueva York como destino imprescindible e irresistible, y comenzó su relato con una mirada histórica a Wall Street. Por Uslar Pietri me enteré que Nueva York es un archipiélago que cuenta con 5 distritos, siendo Manhattan el más famoso de ellos, pues es el centro financiero del mundo. Ese libro me lo devoré con una gran envidia. ¿Cuándo podría yo viajar así? Bueno, nunca he viajado a Nueva York, pero sí he logrado ir a otros destinos igual de fascinantes.

Cuando viajo lejos de casa, no importa a donde, siempre me emociona ver otras costumbres, observar a la gente de ese lugar donde me encuentro. Puede ser Caracas, Maracay o Maracaibo, Roma, Sao Paulo o Cartagena, la gente en esos lugares siempre me va a cautivar. Me fijo en lo que hacen, cómo visten, cómo se comportan e interactúan con su entorno. Cuando viaje me levanto muy temprano para tomarle el pulso a la ciudad, caminar por sus calles, visitar sus mercados al aire libre, ver a las amas de casa salir a hacer sus compras, ver a la gente correr a sus trabajos, recién bañados y con el desayuno en la mano. En esos momentos me asombra y complace que yo no tenga más qué hacer que pasear y conocer, curiosear y soñar una posible vida en esa ciudad.

He viajado a muchos lugares en Venezuela… Mérida, Miranda, Zulia, Anzoátegui, Nueva Esparta Portuguesa, Aragua, Yaracuy, Bolívar, Apure, Lara, Barinas, Guárico, Cojedes, Táchira y Falcón. De todos esos estados he visitado al menos una ciudad. De todos esos lugares, Caracas y Maracaibo son mis ciudades favoritas. Me encanta Caracas, tan cosmopolita, tan elegante, con sus avenidas y autopistas largas, que cruzan toda la ciudad, con confianza, y sin distingo de razas ni abolengo… De Maracaibo me gusta su gente hablachenta y genuina, su hermoso lago, con su vera cercana, el puente Rafael Urdaneta, que te hace sentir todo lo que esa famosa gaita describe. Y la comida maracucha, por Dios, literalmente puedes morir por ella.

De todos los lugares que he visitado, el que menos me ha gustado es Miami. Una vez una profesora en la universidad la catalogó de “wasteland”, un lugar estéril y sin utilidad. Bueno, yo no llego a tanto, pero sí puedo decir que las veces que fui para allá tuve la sensación de estar en un lugar de nadie, con un desarraigo absoluto y triste. Cuando imaginaba mi vida en Miami, un ejercicio mental que acostumbro hacer, sencillamente la idea me deprimía. Este sentimiento hacia este lugar ha condicionado mi disgusto por los Estados Unidos. Entiendo que éste es un país con un estatus envidiable, pero a mí eso no me mueve el piso.

Me gusta más Latinoamérica, evidentemente me siento muy identificada con nuestra región. La gente más linda y atractiva la vi en Sao Paulo. Las mujeres son muy desinhibidas, los hombres atractivos, la ciudad plena y activa… Colombia es hermosa. Bogotá es sin lugar a dudas mi ciudad favorita, tan costumbrista, sus habitantes tan educados, tan bien vestidos, tan orgullosos de su hermosa capital. Cartagena es caliente, la gente es bullera, alegre y entrona, y las playas son muy naturales, una delicia. El casco viejo es testigo fiel de un pasado señorial, aunque plagado de fantasmas y tiranos españoles… A Perú no le gana nadie con su Machu Picchu, imponente testigo de un pasado nacional poderoso. Lima es colonial e interesante, con ruinas regadas por toda la ciudad… México es único, con su DF enorme y multicultural, con la gente orgullosa de su gran pasado azteca, y con una gastronomía envidiable y llena de sabor.

De esos lugares recuerdo la gran avenida Paulista en Sao Paulo, el Cerro de Monserrate en Bogotá, el enclave colonial de Cartagena, el gran Machu Picchu en Cusco, el Malecón de Miraflores en Lima, y la hermosa Catedral Metropolitana de Ciudad de México. Son lugares maravillosos, imponentes, que inflaman de orgullo a cualquier latinoamericano. Todos evocan un pasado glorioso y difícil, pero hablan de un presente pujante y lleno de posibilidades. Así, en realidad, es América toda. De esta región aún me quedan Argentina y Uruguay por conocer. Pronto iré, estoy segura. Conocer estos países, para mí, es un asunto familiar pendiente.

Europa es otra cosa completamente diferente. Muy vieja y tradicional, su gente joven desentona con el ambiente. A España fui muy pequeña, así que es muy poco lo que recuerdo… A Holanda y Alemania fui hace un poco más de 20 años. Ámsterdam es muy, pero muy hermosa, con sus canales hundiendo cada vez más la ciudad, muchas bicicletas abandonadas por doquier, y tantos museos que si no te organizas puedes perderte los más vitales. Fuimos en primavera y nos morimos de frío… Alemania no fue tan memorable, me pareció un país frío y aburrido, pero con paisajes muy bellos… Ahora, Italia es un verdadero placer. Es un país tan viejo y con tanta historia de importancia universal que visitarlo unas pocas veces no basta. Italia es para vivirla, gozarla, respirarla hasta más no poder. Me imagino viviendo allí y la sola idea me hace feliz. Aún recuerdo El Coliseo y ardo en deseos de volver.

Sí, me gusta viajar, pero no me gusta tanto el traslado… Y eso que ahora contamos con automóviles, trenes y aviones. En la antigüedad, viajar era mucho más complicado. Muchos viajes en la Biblia se hacen a pie, en un recorrido que lleva días, además de pernoctación en tiendas. El traslado llevaba tanto tiempo que la gente se quedaba grandes períodos en el destino final antes de emprender el viaje de regreso. Los viajes solían hacerse en grandes grupos familiares, en caravanas, para mayor seguridad y compañía.

Cuando se celebraban las fiestas religiosas en Jerusalén, la gente emprendía el viaje desde cualquier punto del territorio israelita. Siempre se cantaban y entonaban salmos por el camino, lo que le otorgaba unidad a la caravana. La gente con posibilidades económicas solía trasladarse en el lomo de asnos, burros, caballos o camellos. Los reyes viajaban en compañía de siervos que los cargaban en plataformas diseñadas para el descanso del viajero. María viajó a visitar a su prima Elisabeth cuando supo que estaba embarazada de Jesús. El libro de Hechos narra muchos viajes misioneros de Pablo, y relata un viaje por barco que resultó en un naufragio. Jonás trató de huir de Dios en un barco… Los viajes marítimos eran largos y penosos.

Sí, me gusta viajar, pero también me gusta regresar a casa. No importa a dónde vaya, siempre añoro mi hogar, mi familia, mi Valencia. Creo que eso es lo más importante de viajar, tener un lugar agradable y amoroso a donde regresar. Puedo jugar con mi imaginación y soñar con una vida diferente en cada ciudad que visito, pero Valencia siempre será el hogar que añoro en la distancia.

Hoy en día no se puede viajar por causa de la pandemia. ¡Ni siquiera he podido viajar a Maracay para visitar a mi amiga Sandra! Sin embargo, en cuanto se pueda, debo ir al Cono Sur, donde viven mis hijos. Tengo deseos de pasear por Buenos Aires y Montevideo, esas ciudades maravillosas que han acogido a Juan y a Roger con tanta amplitud y generosidad. Cuando logre ir hasta allá, contaré todas mis andanzas por este blog. Es una bitácora que ya quiero escribir.

¡No puedo esperar más!

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

2 respuestas a «El globo de colores»

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