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Lectura Bíblica

Aprender a leer

Este es un ensayo que escribí para un curso de Interpretación bíblica que estoy haciendo. Espero te guste…

La hermenéutica no se trata de descubrir lo que nadie más haya visto antes”.

Cuando se estudia literatura, el “aprender a leer” se hace indispensable e insistente. Una de las funciones más emblemáticas del “arte de las palabras”, como se le ha llegado a llamar a la literatura, es precisamente la función retórica, aquella que busca producir una reacción en el lector o audiencia. Y para que este propósito pueda llevarse a cabo con eficiencia, tiene que practicarse la lectura inteligente y activa, la que no es dócil, la que se nutre de una curiosidad insaciable y que no descansa hasta saciarse.

La literatura, como toda expresión artística, tiene poder para influenciar en la vida de sus lectores, porque todo arte apela al espíritu del hombre. La lectura moldea nuestro pensamiento, nos ayuda a vivir mejores vidas, porque nos permite experimentar nuevas realidades a través de sus páginas. Y es esto lo que precisamente hace que un texto se convierta en un clásico, la capacidad de convocar y de apelar a la humanidad toda con temas universales que atañen a todos por igual, rompiendo barreras de tiempo y espacio.

Ejemplos del poder de la palabra escrita hay muchos… Tal es el caso de “Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes, que exalta los valores de la hidalguía, el apego a la patria y a la amistad, y la importancia del amor consumado, así sea sólo una fantasía. O también de “Los Miserables”, de Víctor Hugo, que pone sobre el tapete la rigurosidad draconiana de la ley por encima del valor humano. O el caso de “Cien Años de Soledad”, de Gabriel García Márquez, que retrata una Latinoamérica mágica y caótica, con los que todos los habitantes de estas tierras nos podemos identificar.

La Biblia es literatura, y de la más excelsa, además. Y cumple no sólo con esa función retórica tan propia de todo buen texto, sino que, adicionalmente, trae con ella “palabras de vida eterna”, trae salvación, pues. “¿A dónde más podemos ir?”, preguntó Pedro en su momento. Esta capacidad retórica – soteriológica reviste a la Biblia de una importancia vital para el destino eterno de la humanidad.

La hermenéutica es una rama de la filosofía que se incorpora a la labor universal de tratar de entender el mundo. Y no sólo actúa en textos escritos, sino en el quehacer oral también. Las primeras producciones literarias corresponden a un amplio período de tradición oral, que se aferra, con terquedad, a la memoria colectiva como único recurso de preservación. Ese discurso que comienza con “Escucha Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es… y la repetirás…”, se instauró en la impronta hebrea para no salir más de los confines del pensamiento nacional. Tal es el poder de la palabra oral, que posteriormente se escribe para el bien de todos, más allá de las fronteras.

La labor hermenéutica es propia y genuina de todo ministro que quiera hacer su trabajo bíblico de manera correcta. ¿Por qué se hace vital? “Para salvar las distancias y ampliar los horizontes”. El gran problema de entender a Cervantes, a Víctor Hugo y al Gabo supone todo el lenguaje, la cultura y la historia que nos separa contextualmente de las realidades de sus narraciones. Y estamos hablando de los siglos XV, XIX y XX de nuestra era. La Biblia está milenios más atrás en su contexto. Imagínense lo vital que la hermenéutica es para el ministerio de la Palabra.

Repito, el gran problema de leer un texto tan antiguo como la Biblia tiene que ver con las distancias que separan las realidades que él plasma con respecto a las realidades que vivimos hoy, en pleno siglo XXI. Toda literatura tiene su audiencia, las primeras audiencias que “oyeron” y tuvieron acceso al texto bíblico entendieron perfectamente todas las implicaciones de ese texto. Pero, dos milenios después, ¿cómo es que nosotros podemos acceder al mismo mensaje con la misma pertinencia? Es necesario “entrar” al mundo del AT y NT.

Tomando el ejemplo de los tres clásicos a los que hemos hecho referencia, lo que hace la hermenéutica es abrirnos las puertas a la España del siglo XV, a la Francia del siglo XIX y a la Colombia (o al Macondo) de finales del XIX y principios del XX. De esta manera nos hacer entender esas realidades tan distantes, aunque tan universales.

Bíblicamente hablando, ¿cómo entender las motivaciones detrás la decisión de Sara, esa de tener un hijo a través de Agar? ¿Cómo explicar el aparente desinterés de David ante el ultraje de su hija Tamar? ¿Cómo tragar el falso machismo de Pablo en sus cartas? ¿Cómo aplicar el mensaje de los profetas del AT? En otras palabras, ¿cómo hago para que la Biblia tenga valor autoritativo para mi vida y la vida de la iglesia de Cristo hoy? La respuesta está en una lectura activa e inteligente de la Palabra de Dios. Se requiere de la hermenéutica, para que nos abra la puerta del Israel de la antigüedad y la del mundo romano del primer siglo de nuestra era. Pero, para que la labor hermenéutica ministerial sea efectiva es necesaria que esta sea “bíblica, pneumática, cultural y comunitaria”. A ver, vamos por partes.

La interpretación del texto bíblico necesita mirarse a la cara, plenamente, con la Biblia misma. En otras palabras, ninguna interpretación del texto bíblico es adecuada si traiciona los principios contenidos en la Biblia. ¿Por qué? Pues porque la Palabra de Dios es una unidad temática perfecta y no se contradice. Para que esto pueda darse, el ministro necesita “conocer” la Palabra de Dios. Quiere decir que para hacer una buena interpretación de la Biblia se necesita tener muy claro el contexto general de la Palabra de Dios, completa. ¿Cómo se puede ser un ministro si no se conocen los detalles de la Biblia? ¡Buena pregunta!

La interpretación del texto bíblico necesita ser pneumática. En otras palabras, la hermenéutica debe ser guiada por el Espíritu Santo. Esto es un poco elitista si se quiere, porque excluye de la interpretación a audiencias plurales y generales. Bueno, ya lo dice Pablo, “la Palabra a la verdad es locura a los que se pierden”. Es el Espíritu de Dios en nosotros quien nos ilumina para acceder seguros y confiados a las puertas del mundo bíblico y sus enseñanzas. Ninguna otra literatura exige tal Paracleto, tal asistencia de lo alto. Eso hace de la Biblia un texto indiscutiblemente único.

La interpretación del texto bíblico necesita ser cultural. Es preciso revisar la cultura y la historia para entender el porqué de las cosas que se narran y se establecen en la Palabra de Dios. Y eso requiere de mucha lectura y comprensión de los rasgos culturales y las etapas históricas. Esto nos permite entender la distinción entre costumbre y tradiciones, y los principios aplicables que se desprenden de allí. Por ejemplo, no podemos pedir a un chico que permita que su padre le busque su esposa, tal como lo hizo Abraham con Isaac, pero si podemos establecer que la familia debe estar contenta con la unión matrimonial, como principio que se desprende de tal relato.

Finalmente, la interpretación del texto bíblico debe ser comunitario. “La hermenéutica no se trata de descubrir lo que nadie más haya visto antes”. Esto significa que las interpretaciones privadas no tienen cabida en la hermenéutica bíblica. El Espíritu Santo no ilumina a ciertas personas que tienen “la verdad” en sus manos. Dios es un Dios comunitario, que se comunica perennemente con Su gente… “Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras a los padres…”. El ministerio bíblico se nutre de este Dios que vació Su voluntad y Sus pensamientos en Su Palabra, usando el lenguaje humano para comunicarse a Sí Mismo.

Ahora, desde mi punto de vista muy personal, la hermenéutica tiene retos que muchas veces no facilitan la labor de interpretación… Y muchos de estos retos tienen que ver con lo complejo y variado que es el lenguaje, como el intrincado sistema de signos que es. El problema radica en lo polisémico (los muchos sentidos) del lenguaje. Ese carácter connotativo presenta una cantidad de posibilidades y de sentidos subyacentes que hacen que un lector distraído u omiso se pierda en la riqueza de la que goza el lenguaje. Samuel Almada, biblista argentino dice al respecto: “Una hermenéutica atenta a la historia de la recepción de un texto siempre será consciente y respetuosa de la polisemia irreductible del mismo, y de su reserva permanente de sentido”.

La invitación, ya lo he dicho, es a la lectura activa, inteligente, apercibida, curiosa y educada. Ese ha sido mi empeño personal. Aún me queda mucho camino que recorrer en ese sentido.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

2 respuestas a «Aprender a leer»

La hermenéutica busca romper la distancias que hay entre el lector y lo que lee. En este caso, la ciencia de la interpretación bíblica busca llevar a entender al lector el sentido originario del texto, pero haciéndola pertinente a nuestro «Hoy» para forjar, de forma inteligente, valores y principios del creyente actual, sumergjdos en su propia cultura e historia, sin contradicciones en ambas partes de lo que Dios ha establecido. Un excelente escrito, mi Francis.

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