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¿Feminismo?

El hombre se define como ser humano y la mujer como femenina. Cuando ella se comporta como un ser humano se dice que está imitando al varón”. Simone de Beauvoir

“Soylent Green”, o “Cuando el destino nos alcance” en español, es una película de 1973 que describe en forma distópica lo que sucede con la humanidad cuando la súper población acaba con los alimentos, el agua potable, los árboles y la reserva de oxígeno, entre otras cosas vitales para la vida. Sus personajes se mueven en una ciudad de Nueva York del futuro (¡en el año 2022!), donde sólo unos pocos pueden vivir con ciertos lujos y tener asegurada su alimentación diaria. En esa película, los árboles están reservados para la élite política, los libros son subversivos, confinados a un sótano resguardado por ancianos, y las mujeres son sirvientas que son llamadas eufemísticamente “adornos”, reducidas a ser nada más que “parte del mobiliario”. Ante el fin del mundo como lo conocemos, tal parece que regresamos, tristemente, a etapas ya superadas.

Esta película es un desafortunado ejemplo de cómo las mujeres hemos sido tratadas y catalogadas a lo largo de la historia de la humanidad. Para algunos no hemos sido más que “adornos”, bonitas piezas de mobiliario para el placer y el disfrute del varón. En otros casos, la mujer ha sido considerada un burrito de carga, confinada a la cocina, a la administración del hogar y a la crianza de los hijos. Históricamente la mujer se tiene como ciudadana de segunda, parte de una minoría sin derechos, con deberes agobiantes, sin futuro ni vida propia. En ámbitos más extremos, la mujer ha sufrido de abusos y violencia, poniendo en peligro su integridad física y mental.

Pero, dirás tú, estas son cosas del pasado. A veces creo que no… Sin embargo, estamos en un tiempo de igualdad y reconocimiento, de respeto a los derechos humanos. Sí, es mucho lo que se ha logrado en materia de derechos… La mujer ha ganado espacios en todos los terrenos y esferas de la sociedad. A lo largo de muchos siglos se ha peleado por el derecho al voto, por la igualdad en el terreno laboral, en cuanto a sueldos y salarios, por el derecho al estudio y a forjar un destino propio, y por una serie de cosas que los hombres siempre han tenido por descontado. Hoy en día el hombre y la mujer se encuentran en un momento único de reconocimiento mutuo, donde ambos incursionan en todos los terrenos sin temor a ser etiquetados o estigmatizados por pisar espacios comúnmente atribuidos a uno u otro sexo.

Estos derechos, ganados a pulso, y con toda razón, por mujeres corajudas que sintieron sus vidas vulneradas por el hombre macho (que las sometió históricamente en detrimento de su dignidad y humanidad) trajo consigo una igualdad en todos los terrenos. Y entonces, con estas reivindicaciones, vino la pregunta del millón, “¿Por qué no puedo ser igual a los hombres?”, se preguntaron muchas. “Oye, ¿y por qué no?”, dirás tú. La cosa se tornó, de ganar derechos inalienables, a exigir cosas que, a mí parecer, no venían al caso.

Ahora nos enfrentamos a unos derechos de género, que se desprenden del movimiento feminista, con todas y cada una de sus olas. Ahora, amparados en “derechos inalienables del ser”, todos podemos ser lo que queramos y lo que sintamos que somos, sin tomar en cuenta la biología, o cómo hayamos sido creados. Lo que comenzó como una lucha genuina de la mujer, de la mal llamada “minoría”, degeneró en derechos que rayan en lo imposible. Quizás lo que debamos entender es que el hombre y la mujer no fueron creados para funcionar de la misma manera. Esto suena mal, muy mal… Lo sé.

El caso es que Dios nos hizo hombre y mujer… Nada más. Nos hizo complementarios, cóncavos y convexos, tal como se fusionan los genitales del uno con el otro. En la mente de Dios estaba el hacernos iguales en condiciones y capacidades humanas, con carácter volitivo y moral, pero diferentes en cuanto a funciones y maneras de ver la vida. El Señor nunca pensó en la mujer como una persona inferior, si no como una persona igual al hombre, sólo que en una posición diferente y con papeles diferentes. Sé que esto es difícil de entender, porque es mucho lo que el feminismo y sus olas han contribuido a la confusión de que lo diferente nos hace desiguales.

El machismo entra al juego porque el varón entendió mal su papel dentro de la pareja, y lejos de asumir su responsabilidad como cabeza de la familia, cuidándola y apreciando el papel de la mujer, abusó de su poder, tergiversó su trabajo, y dominó y sometió a esa mujer que debió haber amado y respetado desde un principio.

La Biblia está llena de episodios abiertamente machistas que me hacen enfurecer y preguntarme si Dios estaría de acuerdo con todos esos desafueros. Y, al reflexionar en ello, llegó a la conclusión que Dios no pudo ni puede hacerse eco de este tipo de conductas. Los derechos genuinos que ahora gozamos estuvieron en el corazón de Dios desde un principio, sólo que el hombre le costó entenderlo. El Señor Jesús reivindicó a la mujer, le dio voz e importancia. Eran muchas las que lo seguían con fidelidad, animadas por sus palabras de vida.

Vive la différence” es un término francés que celebra la diferencia en todas las esferas, especialmente entre los sexos. Lo que los galos tratan de enseñarnos es que en la diferencia está el sabor de las relaciones entre hombre y mujer. Personalmente, yo aprecio todas las ventajas que ahora disfruto gracias a todas aquellas mujeres que lucharon por mis derechos, a ser reconocida como un ser humano capaz e independiente. Pero, yo no quiero funcionar igual que un hombre. Yo quiero disfrutar el ser una mujer, con una vida por vivir, con las responsabilidades propias de una mujer capaz, independiente y plena.

En Latinoamérica, la mujer ha sido muy golpeada y vulnerada en sus derechos, por el machismo local, exacerbado por una visión muy limitada de la vida. Pero, vivimos en una región donde el hombre suele ser muy irresponsable, pues no asume su papel de esposo y padre, tal como Dios lo dispuso. Entonces, es allí donde las mujeres nos hemos crecido, como las grandes heroínas que somos. La mujer de estos lares suele enfrentar la vida sola, criar a sus hijos con valentía y asumir un papel doble que le ha permitido tener una gran influencia en la sociedad local. Creo que ninguna otra mujer, en otras latitudes, puede decir lo mismo.

En una ocasión le preguntaron a una abuela cómo le caía eso del machismo… Ella pensó un poco y respondió, de manera muy franca, que ella no sabía de machismos, porque su influencia en casa era tan vital y determinante que ella nunca se había sentido menoscabada ni abusada. Su poder estaba en ser el punto de referencia de todos sus hijos y nietos, varones y hembras por igual. Ella era importante, vital realmente, para todos. Esa es la mujer que yo conozco, y también la que reconozco en mí. Y no creo que, en este punto, necesitemos de más.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

3 respuestas a «¿Feminismo?»

Muy cierto. Creo que se ha perdido el balance de lo que debe ser en cuanto a entender que somos iguales en dignidad y valía pero diferentes en funciones e incluso capacidades, lo que el hombre es capaz de hacer (por ser hombre) no menoscaba las capacidades de la mujer, simplemente son diferentes por constitución física, funcionamiento hormonal, funciones cerebrales, entre otras cosas. Para mi el feminismo y el machismo son dos extremos. Cuando perdemos el balance, el equilibrio y vamos a los extremos perdemos el verdadero sentido de quienes debemos ser, nuestra valía y cuales son nuestras funciones, todo conforme al plan de Dios. Debemos ir a nuestro Creador y empezar a entender cómo debemos funcionar desde su punto de vista, y su punto de vista es siempre el correcto porque Él nos creó y como creador es el único que sabe las instrucciones para llevar a cabo nuestra función de manera efectiva. Gracias Francys, excelente planteamiento…….

Igual, Francis….yo nunca me sentí menoscabada….en América Latina la mujer es el centro de la sociedad, pues muchos de sus los hombres han sido irresponsables, cuando no flojos. Recuerdo en la Universidad cuando nos tocaba formar grupos de trabajo, algunos muchachos nos pedían a mis compañeras y a mí que los metiesemos a última hora en el grupo, como un favor… Sin haber trabajado…. diste en el clavo, Francis…nuestro lugar en esta sociedad machista latinoamericana es determinante, por abandono del varón…..por supuesto, las generalizaciones son odiosas… pero, definitivamente, a nosotras las latinas no nos ha tocado fácil, y hemos estado a la altura del reto!… gracias por la interesante reflexión,Francis Helenita!

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