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El idioma de mi corazón

Cuando hice el Diplomado en Ciencias Bíblicas, tuve la oportunidad de ver muchos videos sobre traducción y distribución de la Palabra de Dios en Latinoamérica. Aún recuerdo el primero que vi. El video recogía la llegada de la traducción del Nuevo Testamento a una comunidad indígena de Centro América. En primer plano se podía ver una selva verdísima y profunda. Luego, apareció un claro donde mucha gente esperaba una avioneta que estaba por llegar. El aparato aterriza y se asoma una persona con una caja, de dónde saca un libro de hojas blancas. Un anciano se acerca a recibir el Nuevo Testamento en su idioma, con lágrimas en los ojos. Su emoción y agradecimiento es palpable, pues tenían muchos años esperando esa traducción.

Cuando terminó el video, yo no podía creer lo que había visto… ¿Cuántas Biblias tenía yo en mi casa? ¿Cuántas veces había olvidado leerla? ¿Cuánto esfuerzo se había invertido en la traducción de mi Biblia al español? Francamente, me sentí muy avergonzada. Yo había dado por hecho que todas las personas del mundo tenían acceso a la Palabra de Dios en su propio idioma. Pues, no. Yo estaba muy equivocada. Una vez más, no hacía otra cosa que ver mi propio ombligo, mi visión era muy corta y mi contexto muy limitado.

La traducción ES muy importante. Por siglos todo lo escrito se ha traducido a otros idiomas, y también lo que no se escribe. La traducción forma parte de nuestro mundo, desde documentos que requieren apostilla, reuniones de trabajo en organismos internacionales como la ONU, programas y series de televisión, obras maestras de la literatura universal, hasta libros técnicos, y muchas cosas más. Hay un sinfín de idiomas en el mundo, y por más políglota que puedas llegar a ser, no puedes hablarlos todos. Como ya te dije, la traducción ES muy importante.

La Biblia no escapa de esta realidad, de hecho, es el libro más traducido a más idiomas en el mundo. Sin embargo, su traducción siempre ha sido un tema muy controversial. ¿Por qué? Pues, porque la Biblia es un libro sagrado que despierta grandes pasiones, tanto a favor como en contra. Cada traducción de la Palabra de Dios al español ha estado revertida de grandes problemas, persecución, rechazo, piras para quemar miles de Biblias, campañas de desprestigio, acusaciones, y hasta muerte. Las páginas de la historia de la traducción bíblica están repletas de hechos heroicos, y también vergonzosos, que cuentan de un proceso difícil, pero lleno de logros y triunfos.

Esto no ha sido el caso con otros libros de la literatura universal. Todos ellos han pasado por la traducción sin mayores problemas, y sin despertar suspicacias. ¿Por qué la traducción bíblica ha sido tan traumática? Es precisamente su carácter divino lo que entorpece esta labor. Por siglos se ha creído que el hebreo y el griego, los idiomas originales de la Biblia, son sagrados, tienen un halo divino y espiritual. Nada más alejado de la realidad. La Palabra fue escrita en esos idiomas porque eran los hablados en ese momento histórico, no porque fueran idiomas especiales. Si las Escrituras se hubiesen producido en otro tiempo, con otro tipo de gente, éstas habrían sido escritas en el idioma que esa gente hubiese hablado en ese momento específico.

En el tiempo de Jesús ya existía una traducción del Antiguo Testamento al griego. Esa Biblia llegó a llamarse “La Septuaginta” (LXX), porque la tradición asegura que 70 eruditos intervinieron en la confección de esa traducción. La LXX cambió el idioma de la Biblia hebrea, y permitió que el mundo helenizado tuviese acceso a la Palabra de Dios en griego, el idioma franco de todos los territorios conquistados por Roma. Pablo la usó y la citó ampliamente, pues esa era la Biblia de su generación. La LXX abrió la puerta a muchas otras traducciones bíblicas a lo largo de muchos siglos, incluyendo a la Biblia en español, a través de dos monjes jerónimos, Reina y Valera.

Como ya lo he dicho en otras publicaciones, Dios usó a hombres comunes y corrientes, su cultura, idiomas y circunstancia para plasmar a través de ellos Su pensamiento y Su voluntad a la humanidad. El Señor lo quiso así. El idioma, y las palabras que se utilicen para transmitir el mensaje de Dios son importantes, pero no son lo fundamental. Lo verdaderamente fundamental ES el mensaje de Dios. Ése mensaje puede y debe transmitirse en cualquier idioma, sin peligro de desvirtuar lo que Dios ha querido comunicar a toda la humanidad, a todas las razas, a través de todos los tiempos, y en cualquier idioma humano. Y es precisamente el idioma materno el más adecuado para comunicar lo que Dios así ha dispuesto transmitir a todos.

El idioma materno es algo que nos define como personas. Se llama así, materno, porque es la madre quien nos habla aún desde la barriga, es la madre quien nos enseña a hablar, es la madre quien nos arrulla y murmura cosas hermosas a nuestros oídos. Y esa madre lo hace en su propio idioma, haciendo que esa lengua sea la que haga palpitar nuestro corazón. De esa manera, el idioma de la madre se convierte en el idioma del corazón. La traducción obedece a este hecho innato, imposible de negar. Ése es el empeño de traducir la Biblia. La gente merece conocer a Dios en su propio idioma.

Yo entiendo muy bien la importancia y la necesidad de aprender otros idiomas. En este mundo globalizado es imperioso contar con la comprensión de otras lenguas… Pero, nunca esos idiomas llegarán a comunicarnos algo de la misma manera como nuestro idioma materno lo hace. Yo he leído la Biblia en inglés un par de veces, pero créeme, no es igual. Cuando la leo en español es como si Dios me hablara directamente a mí. Y eso es una experiencia que todo el mundo debe vivir y disfrutar. Por eso se trabaja incansablemente en la causa de la Palabra de Dios, para que la pobreza bíblica se erradique, y la Biblia sea verdaderamente para todos.

Además de la traducción a otros idiomas, también se hacen nuevas traducciones para simplificar el lenguaje, permitiendo que personas de todos los niveles educativos puedan entender. Hay traducciones para gente muy educada y para otros que tienen una educación más básica. Hay Biblias para niños, para jóvenes, para que todos puedan entender las verdades bíblicas sin ningún problema.

Hoy en día tengo el privilegio de trabajar en la causa bíblica, de asistir a traductores indígenas que laboran contra viento y marea para llevar la Palabra de Dios a sus comunidades, en el idioma de su corazón. Porque Dios habla justo allí, al corazón del hombre. Mi contribución es pequeña, pero no deja de ser importante. Aún tengo mucho que aprender, mi entrenamiento aún no termina. Sin embargo, lo poco que he logrado hacer me ha llenado de alegría… Muchas veces no puedo creer que ahora yo sea parte de esa labor tan fundamental para la salvación de los pueblos indígenas de nuestro país. ¡Dios ha sido muy bueno conmigo!

Por favor, no rechaces las nuevas traducciones de la Palabra de Dios. Ninguna Biblia es más sagrada que otra. Todas tienen el mensaje de Dios para ti. Lee la Palabra, ora y apoya la causa bíblica.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

3 respuestas a «El idioma de mi corazón»

Que maravilloso es Dios, y como nos sorprende cada día. Justamente ayer le explicaba a un grupo de mi iglesia el porque de las lenguas cuando la llegada del Espíritu Santo el día del pentecostés. Les decía que todo fue un propósito de Dios para dar a conocer sus maravillas, ya que a esa fiesta asistían judíos de todas parte del mundo conocido, y lógicamente hablaban el idioma de donde procedían, a pesar de ser judíos. Ponía como ejemplo a los judíos nacidos aquí, su idioma es el castellano a pesar de ser judíos.
Sigue adelante Francis, magistral como siempre..

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