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¡Amigos!

Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba, engánchalos a tu alma con ganchos de acero”. William Shakespeare.

Tengo una lavadora que ya tiene sus años. A lo largo del tiempo ha soportado largas faenas, porque trabajó fielmente para una familia con niños pequeños, luego, peor aún, con adolescentes desaseados y descuidados. Pasó por momentos graves con el pobre suministro de agua de nuestro hogar, lo que la llevó a varias reparaciones, muchas comparables con una terapia intensiva. En una ocasión hubo que hacerle todo un trabajo de latonería, porque el tambor de lavado se separó de su piso por uno de los resortes a la que estaba enganchada, haciendo una caída muy aparatosa, que casi dañó el motor. La persona que la reparó rehízo el piso y colocó nuevos aros y resortes que reengancharon el tambor, permitiendo los movimientos propios del lavado, sin comprometer la firmeza de cada uno de los componentes de mi lavadora. Todavía trabaja, la pobre, ya con mucho ruido, pero poco y espaciado trabajo.

Shakespeare tiene razón, como siempre… a los buenos amigos, como al tambor de mi lavadora, hay que engancharlos firmemente a nuestra alma. Esta noción básica de vida mi hermano la entendió muy temprano. Desde pequeño él disfrutó de muchos amigos de manera generosa. En la adolescencia, se hizo de amistades que hasta hoy están allí para él, y ya son como hermanos. De hecho, esos amigos son fieles y buenos conmigo y toda la familia, por amor a él, y los más de 30 años de relaciones, de comidas compartidas, de crisis superadas, y de carcajadas contagiosas.

A mí, como muchas otras cosas en la vida, me costó mucho, mucho el tener amigos. Nunca fui simpática, siempre fui demasiado correcta, rígida y exigente, y esos ingredientes no hacen buenos amigos. Entonces sentencié que yo no era amiguera, que no necesitaba a nadie más que a mi familia, que yo estaba bien así. A los 17 conocí a mi esposo y él se convirtió en mi único amigo… Sí, el pobre ha sufrido mucho, ¡tanto o más que mi lavadora! Pero, lo lindo de la vida es que te permite crecer y madurar, y a lo largo del camino te hace sopesar tus decisiones y reevaluar quién realmente eres. Sí, siempre se tienen nuevas oportunidades de comenzar y enfrentar la vida con una mirada refrescante. Y resulta que mi hermanito tenía razón… No hay nada mejor en esta vida que tener buenos amigos. No muchos, la verdad, pero sí unos pocos que te acompañen en las muy buenas y en las muy malas también.

Echando mi mirada atrás, durante mi extraña y oscura adolescencia (sí, odié mi adolescencia, ¿acaso tú no?) tuve dos amigas, hermanas entre sí, que aún recuerdo con cariño y nostalgia (saudade, pues). Ellas asistían a la misma iglesia que yo y fue mucho lo que compartimos con todo nuestro grupo juvenil. Lo extraño es que yo era sumamente extrovertida (rayando en la insolencia, la verdad), y ellas eran tan tímidas… Era una amistad inusual, con pocas probabilidades de éxito, pero que, increíblemente, aún subsiste. Hoy, la hermana mayor es mi compañera de trabajo, y cuando nos vemos, ¡hablamos como dos adolescentes de 50 años! A diferencia de estas dos queridas amigas, después tuve muchas amistades, pero no resistieron el paso del tiempo… Es que es a mí la que le cuesta mantener el contacto. He tenido compañeros de trabajo y conocidos, pero nadie que haya perdurado como mis amigas de la adolescencia.

Sin embargo, ahora que estoy más abierta a la amistad, he descubierto que cuando se estudia (no importa qué, ni a qué edad lo hagas), se desarrolla una complicidad única con los compañeros de clase. Actualmente estoy en un programa de entrenamiento para consultores en traducción, y cuento con compañeros en toda Latinoamérica. Siempre nos encontramos unas dos veces al año, y al vernos regresan las risas locas, las buenas conversaciones, el ponernos al día, y los paseos por la ciudad de turno… ¡Son tan buenos esos momentos! Una vez reímos tanto que literalmente me oriné encima, y regresé a mi habitación, a las 11 y pico de la noche a lavar el pantalón, una locura… ¡Extraño mucho ver a esos amigos! Espero esta vez conservar esas amistades… Ya no quiero perderlas más.

Justamente hoy, día que escribo esto, leí en 1 Samuel sobre el pacto de amistad entre Jonatán y David… ¡Qué amistad tan hermosa! El pobre Saúl nunca pudo acabar con su rival precisamente por ese amor de amigos. (Y con Mical también… Es muy gracioso leer cómo Saúl empuja a David a casarse con Mical, con la esperanza de poder acabar con él de cerca, pero la Biblia dice, “Mical amaba a David” … ¡Pobre Saúl!) No importaba cuántos estratagemas urdiera Saúl contra David, nada resultaba, porque la amistad de esos dos muchachos era sólida, y resistió el paso del tiempo. ¿Recuerdas las bondades de David con Mefiboset años después? ¡Tienen que ver con ese pacto de amistad!

Sí, la Biblia habla de amistad… Proverbios 17:17 dice que en todo tiempo ama el amigo, y que es como un hermano en tiempo de angustia. Job 6:14 habla que un amigo no niega su lealtad. 1 Corintios 15:33 dice que las malas compañías (los malos amigos) corrompen las buenas costumbres. Y Juan 15:13 dice que no hay más grande amor que dar la vida por los amigos… Siendo así, ¡no hay mejor amigo que Jesús! La amistad es un bien que se debe cultivar, que no se puede desestimar. La Palabra de Dios no se cansa de repetirlo, y cuando la Biblia insiste en algo, hay que prestar atención y obedecer.

Hoy en día, después de años de resistencia, resulta que gozo de buenos amigos… Son personas que me han enseñado el valor de la buena compañía, personas que están dispuestas a escuchar sin parar mis cuitas, y que, sorprendentemente, vienen a mí por un consejo, por una mirada fresca a sus problemas. Es gente que quiere compartir un Nescafé (sí, me encanta el Mocaccino) o un té en casa. Muchos de ellos han sido alumnos, otros son compañeros de ministerio, otras tantas son discípulas que a veces terminan discipulándome a mí. Algunas han venido como un regalo de familia (como mi consuegra, un regalo inusitado de mi hijo menor). Con esas personas he entendido que es mucho lo que perdí a lo largo de los años, pero que nunca es tarde para recapitular, y que la complicidad realmente no tiene precio. Ése puñito de amigos está allí porque han decidido insistir en mi amistad, han visto lo bueno en mí, no han querido ver mis defectos y mi incapacidad para relacionarme. ¡Han sido amigos siempre!

Pero lo más sorprendente fue descubrir la amistad de mis hermanos de sangre… Tengo una hermana que vive en Caracas, a la que tengo mucho tiempo sin ver. Cada semana nos enganchamos en largas conversaciones telefónicas, que parecen más unas visitas… Juntas reímos a carcajadas, y lloramos desconsoladamente. Hablamos de lo sagrado y lo profano, y hemos encontrado una conexión que no teníamos cuando éramos más jóvenes. Esas llamadas las espero y anhelo mucho en este largo encierro… Y mi hermanito (no te confundas, él está tan viejo como yo), que me enseñó el valor de la amistad mediante el buen ejemplo. Hoy vivimos cerca uno del otro, y con él me río mucho, y contamos uno con el otro, muy a pesar de mí, de mi carácter fuerte e inflexible. Es que, él es la prueba viva de que, si quieres ser amigo, debes mostrarte amigo.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

12 respuestas a «¡Amigos!»

Hola helenita haré un breve resúmen de tí, te conozco desde muy poco tiempo y me pareces una excelente persona , excelente tus escritos de mucho aprendizaje, el de hoy muy bueno. Que él Señor Jesucristo continúe bendiciendo tú vida. Tenemos pendiente el moccachino

Tan linda. Realmente es así. Debemos mostrarnos como amigos sí eso queremos. Cómo dices nuestro mejor y mayor amigo es Jesús. Pero hace falta esos mentores. Y sí amigas que estén en todo. Que cuando te ven actuando mal o con una actitud errada. Te corrijan, sí te ven feliz también son felices. Y así. Eres especial mi Francys, te admiro mucho. Desde la primera vez que escuché tu voz me fascinó. Jejeje. Y después te conocí en persona, y pues igual. Eres una persona de carácter pero llena de mucha azúcar también. Jejeje. Bendiciones.

Increíble. Cada vez que leo algo como esto, me pregunto: Por qué no te leo de forma religiosa? Es decir, me encantan ver el mundo con tu propia lupa, no solo para conocerte, sino seguir aprendiendo de ti. Solo Dios sabe la estima que te tengo como persona, amiga y por supuesto como profesora (en todo sentido). La verdad es que aprendido mucho de ti, y me gusta seguir aprendiendo de vos. XD

La amistad, un valor innegable y entrañable que dicho valor no se entiende ni se explica, pero como se añora con el pasar del tiempo, en especial en los momentos de silencio y meditación.

Es cierto. La amistad verdadera sobrepasa cualquier distancia, situación y sobre todo valora cada momento compartido. Excelente reflexión.

Querida Helenita, el que es amigo ha de mostrarse amigo, gracias por tu amistad, siempre estás ahí ayudándome cuando no entiendo algo, nunca dices no puedo, por lo menos conmigo no siempre estás ayudandome en cualquier escrito bíblico que no entiendo estás ahí para mí. Gracias amada Helenita. Dios te siga usando grandemente. Abrazos.

Es una hermosa reflexión sobre la importancia de una amistad, en mi niñez no recuerdo haber tenido grandes amistades, sólo vecinas y amigas que jugaban conmigo en un tiempo determinado, pero más nada, pero en mi adolescencia si tuve grandes amigas inseparables, varias de ellas fueron distanciandose por cambio de ciudades y nos fuimos incomunicado, pero aún guardo gratos recuerdos de ellas.

También cultive amistades masculinas en mis tiempos de moza, amigos que compartieron conmigo sus alegrías y sus tristezas por desamores, esos amigos que los perdemos por un tiempo pero nos encontramos en un  funeral o en una fiesta. Recuerdo que a mi hija se le había muerto en un accidente un amigo y yo la acompañé al funeral, cuando fui a darle el pésame a los padres del muchacho resulta que su papá era un gran amigo, que junto a su hermano  los conocí en bachillerato, y uno de ellos era el papá del difunto, joven amigo de mi hija. La verdad que me alegró verlos pero a la vez sentí profundamente su tristeza sobre todo la del padre del muchacho, pero fue un verdadero dolor que sentí , no un simple pésame  que uno a veces da.

Actualmente tengo varias amigas, Ana Teresa es una de ella, nos comunicamos a diario ( más que cuando viviamos juntas) y tambien con hermanas en la fe que aún guardamos el contacto y estamos pendientes una de la otra y una de ella eres tu Francis, Ana siempre me da tus saludos, y sabemos mucho una de la otra a través de este medio, cada vez que te leo descubro cosas hermosas de tu vida que a menudo me hacen reír por la manera que las comentas y a la vez aprendo mucho de tu gran conocimiento de la Palabra. Gracias por compartir este trabajo tan valioso conmigo, de veras que lo disfruto,  disculpa que tarde por comentar, pero siempre los tengo pendiente. Otra vez gracias y permíteme tener el privilegio de llamarte amiga.

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