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¡Eureka!

Lo he logrado”. Arquímedes de Siracusa

Una de las cosas que más me sorprenden es la increíble capacidad que tiene el ser humano para entender, probar y postular teorías acerca del mundo que lo rodea. Varias veces hemos comentado en clase de filosofía lo mucho que estos filósofos antiguos lograron por el desarrollo del pensamiento y el conocimiento humano. Y claro, llegamos a la conclusión que tenían un tiempo considerable y valioso en sus manos. Definitivamente estos hombres contaron con unas condiciones únicas para pensar y hacer todo lo que sus privilegiadas mentes le permitieran lograr, apoyados en una sociedad enloquecida por la discusión educada y el debate encarnecido por casi cualquier tema que pudiera surgir bajo el sol.

Pero, estoy convencida que no es sólo tiempo libre el que se necesita para pensar y producir porque, si así lo fuera, yo sería una de las pensadoras más preclaras de mi generación. ¿Qué hago yo con mi abundante y aburrido tiempo libre? Nada productivo, la verdad. Puedo pasar horas cavilando y, créeme, no llegaría a ningún pensamiento valioso, de esos catalizadores que rompen esquemas, por más que lo intente y me empeñe. ¿De qué están hechos todos esos hombres, y mujeres también, rompedores, innovadores, valiosísimos, con una inteligencia superior al resto de los mortales? ¡Si tuviera la respuesta a esa pregunta formaría parte de ese selecto grupo de seres privilegiados y fuera de lote! Pero no, ya chequeé y no, no estoy en esa lista.

En los años 70 del siglo pasado surgió una deliciosa serie de televisión llamada Hechizada. Contaba la historia de una hermosa bruja que se enamora y se casa con un simple mortal. A partir de esa premisa se desarrolla una serie de alocadas peripecias, producto del choque de dos mundos diametralmente opuestos que, además, no debían tocarse. Pero lo más curioso era ver cómo el show aseguraba que las grandes mentes y pensadores de todos los tiempos eran, en realidad, seres especiales. Así se podían ver en muchos de sus episodios a personajes como Newton, Graham Bell, Copérnico, y otros, aparecer e interactuar como personas excepcionales que habían aportado grandes avances a la humanidad porque en realidad ¡eran brujos!, como Samantha y su peculiar familia, con mentes y capacidades fuera de este mundo mortal y limitado. Pero esa teoría no parece lógica, aunque ingeniosa sí que lo es.

¿Cuáles son las condiciones necesarias para parir buenas ideas y sacarla de jonrón? ¿Qué tenían Sócrates, Platón, Aristóteles y Arquímedes que los hizo tan especiales y productivos? ¿Cómo hizo Pablo de Tarso para dejar un vestigio escrito tan extenso que moldeara la doctrina de la iglesia universal? ¿Cómo pudieron San Agustín y Santo Tomás cambiar el curso del pensamiento religioso? ¿Cómo logró Descartes desmenuzar el uso de la razón de manera tan clara? Y más cerca a nuestros días y a mis inquietudes, ¿cómo pudo Simone de Beauvoir marcar la pauta y el camino de tantas mujeres luchadoras y valiosas que se impusieron al status quo para hacer uso genuino de sus derechos y condiciones?

Esos genios del pasado antiguo y del más reciente se me antojan brillantes y únicos. Los recursos de muchos de ellos fueron muy limitados y el legado que dejaron en todos los campos del conocimiento no fue avizorado por ninguno de ellos. Vivieron y murieron sin imaginarse que siglos después seguirían siendo un referente para todo el que quisiera tratar de entender el desarrollo dilatado del pensamiento humano. Seguirles el paso aún es duro. Sentirse pequeño ante tanto aporte y genialidad es abrumador. Estudiar sus mentes te deja la certeza clara de tu propia vacuidad y limitación vergonzosa. No queda más que preguntarse qué hemos hecho de nuestras vidas, con la mirada perdida y un gran sentido de despropósito.

Y claro está, ninguno de ellos se imaginó el mundo digital, ni las comunicaciones en línea sin fronteras, ni los viajes espaciales, ni el dinero virtual, ni la conciencia de género, nada de eso, temas que tampoco entiendo y algunos con los que no estoy de acuerdo. Pero cada uno de esos hombres y mujeres sentaron las bases para que todo esto y más pudiera suceder, su legado impulsó el desarrollo de las artes, la política, los derechos, de tal manera que nadie pudiera frenar el ingenio humano. No nos queda más que estar agradecidos.

Ahora, hay una pregunta en mi mente que salta locamente, como un niño en una cama. ¿Están Elon Musk, Steve Jobs, Bill Gates y Jeff Bezos a la altura de grandes como Empédocles, Kant, Zenón y Schopenhauer? ¿O es que a mí no me lo parecen porque están muy cerca de mí y se me hacen cotidianos, como el celular, la computadora y las compras por PayPal? ¿Qué pensaría Epicuro de los coqueteos de Elon Musk con Amber Heard? Seguro aplaudiría su búsqueda del placer por encima de las buenas costumbres, ¡o al menos de lo conveniente de una pareja cuerda! Pero, aun así, a mí se me antojan los griegos antiguos y los europeos modernos superiores a todos estos señores, porque creo que el conocimiento, las ideas, la realidad y la naturaleza de las cosas, la política, la aritmética, la náutica, la razón y los derechos humanos son fundamentales, mucho más que las compras online o las comunicaciones universales a través de WhatsApp, la foto mentirosa por Instagram, o la opinión emitida sin pensar (y con caracteres limitados, además) a través de Twitter.

Y, ya me conoces, no puedo terminar mis ideas y escritos sin preguntar, ¿quién le dio esas capacidades inmensas e increíbles al ser humano para crear, razonar y entender su propio mundo? Sí, fue Dios. Él puso en toda la humanidad esas habilidades creadoras que se desprenden de su propia persona, porque hemos sido hechos a Su imagen, con cualidades transferibles que reflejan Su persona. (Ay, que me perdone Schopenhauer, famoso ateo…) Sólo que hay quienes parecen sacar un mayor partido de lo que se les ha dado. Que no soy yo, no…

Claro que todos estos genios de antier y de hoy han tenido su momento ¡EUREKA! (aunque no mientras estaban desnudos, como le pasó a Arquímedes). Todos ellos lo han logrado, han materializado sus sueños y cavilaciones, han revolucionado al mundo con su inteligencia fuera de serie. Y yo, totalmente maravillada ante tanta sapiencia, fascinada de cómo diferentes civilizaciones se han destacado para ayudarnos a entender, para acercarnos, para guiarnos a nuevas realidades, aunque al principio nos cueste aceptarlas.

¿Recuerdas la película Mi Gran Boda Griega? Pues sí, el papá de la novia tiene mucha razón, todo lo bueno viene indudablemente de los griegos. Mira que aún no puedo cerrar mi boca del asombro que me producen todos esos sabios filosofos.

Ay, ¡cómo me gusta todo esto!

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

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