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Feria de mi corazón

Me encanta el cine británico. Es dulce y melancólico, tal como los británicos. La película Notting Hill es un ejemplo perfecto de esto. Este un film que narra la historia de un hombre común y corriente que tiene una librería en ese emblemático barrio londinense y que se enamora de una famosa actriz norteamericana que está de paso por la ciudad. La película está protagonizada por Hugh Grant y Julia Roberts. Pero el verdadero protagonista es el barrio de Notting Hill y su muy famoso mercado de la calle Portobello. La película transcurre en sus calles y el mercado, haciendo de ello una experiencia cultural imperdible. En una famosa escena se puede ver el paso del tiempo y de sus personajes a través del mercado al aire libre, las estaciones van pasando, y la gente vive muchas cosas, justamente en la calle Portobello de Notting Hill.

Los mercados al aire libre son encantadores a más no poder. Cada gran ciudad del mundo cuenta con al menos uno en su haber, y son perfectos para medir y disfrutar el pulso local del lugar y sus habitantes. Cada país que he conocido me ha hechizado con sus mercados y ferias. A Mamá (mi gran compañera de viaje en tantos destinos) y a mí nos fascinas recorrerlos enteros, con un sentido de urgencia embriagador. Mi hijo sabe eso y no dudó en llevarme a la Feria de Tristán Narvaja el primer domingo que pasé en la ciudad. Nos montamos en el autobús de la ruta 62 y llegamos en unos pocos minutos a la Avenida 18 de julio para comenzar el recorrido del mercado.

El día estaba precioso, con mucho sol y calor, como me gusta. La feria comienza con venta de plantas y peces, para después dar paso a un comercio variopinto y bullicioso, en medio de ese maravilloso desorden humano que puebla todo mercado que se precie. En Tristán Narvaja se puede encontrar una gran cantidad de ropa (allí compré una preciosa falda de capas cruzadas con aires hindúes), zapatos artesanales (horrorosos, con plataformas altas de caucho, aparentemente muy de moda aquí), accesorios para teléfonos, maquillaje, libros usados, comida (los puestos venezolanos son muy populares. Venden arepas, cachapas, chicha, tequeños… y las colas son kilométricas), alimentos, frutas y vegetales frescos, enseres para el hogar, lámparas, lencería, telas y un montón de chécheres nuevos y usados. Lo vintage suele ser la norma en estos mercados, pues.

Según la página de la Intendencia de la Ciudad de Montevideo, la feria de Tristán Narvaja fue inaugurada en 1909, tiempo en el que sólo se vendían frutas y vegetales frescos de temporada. El recorrido comienza en la Universidad de la República, en la Av. 18 de Julio y se extiende 7 cuadras a lo largo de la calle Tristán Narvaja. La actividad comercial se da cada domingo del año, de 9:00 am a 4:00 pm, llueva, truene o relampaguee, da igual. La feria sencillamente no para. Allí se congregan comerciantes que llevan décadas en la actividad de venta a cielo abierto, única, pujante, alegre, esperanzadora. La Intendencia asegura que es la postal turística más genuina e importante de la ciudad, y sí, es cierto.

La cosa con los mercados de calle es que son el lugar perfecto para ver a la ciudad sin poses ni miramientos. Todo es cándido y auténtico. Y a mí me encanta observar a la gente en su elemento, en su día a día. Allí, en esos episodios cotidianos, es que realmente logras ver la vida local en todo su esplendor. Un país no sólo es el brillo que muestran sus sitios turísticos, preparados hermosamente para presumir de lo mejor y lo más bello que el lugar tiene para ofrecer. Un país se ve a través de su gente, sus amas de casa que hacen la compra diaria, al trabajador que sale a la calle a ganarse la vida, los niños que caminan a la escuela de la mano de sus padres presurosos, aquel que camina perros, enmarañado entre correas y ladridos. Esta es la verdadera experiencia de viajar.

Una feria pública es como entrar a una casa y pasar la hermosa sala para adentrarse a la cocina, al lavadero, y al cuarto de los trastes, caótico y vital. Tristán Narvaja es ese insano placer de curucutear en las vidas ajenas, de vivir realidades a través de extraños enigmáticos. Es soñar con otras realidades que se antojan atractivas, con esa cualidad de lo novedoso que tanto se experimenta al viajar. Es la increíble oportunidad de ver cosas antiguas, que te permiten ir a tiempos pasados e imaginar mundos que ya no existen. Radios de malla, cámaras de antaño, máquinas de escribir que relataron vidas pasadas, repuestos que vieron mejores vidas y que esperan ser reciclados con sangre rejuvenecedora.

Tristán Narvaja (1819-1877) fue un jurista, profesor, teólogo y político argentino que murió en Montevideo. Este señor nunca imaginó que su calle homónima sería tan importante y concurrida. Jamás pensó que justo 100 años después de su nacimiento, Montevideo alojaría su más importante mercado semanal allí, en la calle que lo honra, en una cita dominical imperdible, que pelea y le gana la batalla a las iglesias, restándole brillo y concurrencia al día del Señor. Increíble que esta calle esté dedicada a un célebre que no lo vio nacer, pero que fue testigo del final de sus días. Creo que esto habla de lo enmarañado de la historia común de los pueblos australes.

La importancia y pulso vital de la Feria de Tristán Narvaja me recuerda episodios bíblicos en lugares igual de importantes… La puerta de la ciudad, el templo, los mercados, esos zocos morunos tan comunes en oriente medio, corazones comerciales que palpitan vida y humanidad.

Regresar a esta feria es obligatorio. Es una experiencia que vale la pena repetir y repetir. ¡Espérame, Tristán Narvaja! Regresaré… ya verás.

Feria de Tristán Narvaja | Intendencia de Montevideo.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

Una respuesta a «Feria de mi corazón»

FRANCIS HELENA!… continúas paseandonos contigo!….que descriptiva aventura! nos proporcionas el placer de viajar sin utilizar los pies!…. gracias, graciosa aventurera!

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