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Viajar en pandemia

Yo estaré contigo, y no te abandonaré hasta cumplir lo que te he prometido. Te cuidaré por dondequiera que vayas”. Génesis 28:15

“La Terminal” es una película dirigida por Steven Spielberg y protagonizada por Tom Hanks, Cateherine Zeta Jones y Stanley Tucci. El film narra la rara historia de un hombre (llamado Viktor) de un país ficticio, parecido a cualquiera de la antigua Unión Soviética, que se ve obligado a vivir en el aeropuerto JFK de Nueva York por meses, luego de que su país entrara en una guerra civil durante su vuelo y, como consecuencia, se le negara la entrada a los Estados Unidos de América. La historia se centra en las muchas peripecias que Viktor vive en el aeropuerto y cómo sobrevive, se hace de amigos y hasta se enamora allí. En una escena, el protagonista está afeitándose en un baño mientras un pasajero se queja del tiempo que pasa en tránsito… “A veces creo que vivo en un aeropuerto”, a lo que Viktor responde: “Te entiendo perfectamente”.

Eso de tomar aviones y pasar por varias conexiones y aeropuertos parece emocionante, pero en realidad no lo es… Es agotador ya que se tiene que cargar peso, caminando muchísimo para llegar a aduanas, puntos de control y puertas de embarque, además de las muchas veces que debes abrir tu maleta de mano para que la inspeccionen (y la dejen toda desordenada e imposible de cerrar). Debes quitarte los zapatos, relojes, anillos, cinturones y demás cosas para pasar sólo unos segundos por un escáner y ponerte todo encima rápidamente, ante la mirada de desaprobación de todos si haces que el proceso se ralentice. Debes tener tu pasaporte a mano en todo momento, con el temor de perderlo entre tanta maleta en medio del corre – corre. Para una persona pequeña y torpe como yo, todo es un verdadero suplicio. ¡Este maremágnum sobrecogedor que acabo de describir es una bobada con todo lo que hay que hacer cuando se viaja en pandemia!

A mi llegada al Aeropuerto Internacional Arturo Michelena, un empleado de Copa Airlines comienza por pedirme el pasaporte, el cual entrego rápidamente. Acto seguido, me pidió el Certificado de Vacunación completa contra el Covid 19, el cual es un carnet de cartón pequeño e insignificante (la verdad es que si yo trabajara en una aerolínea no aceptaría ese certificado tan sospechoso). Pues al oficial le pareció perfecto y de lo más normal. Luego procedió a pedir el examen de hisopado que me había hecho dos días antes, que claramente decía que los resultados eran doblemente negativos, además de presentar un código QR para su verificación. Pues, al oficial le pareció que el examen era viejo por ser de más de 48 horas, me miro con suspicacia y consultó con un colega. Después, me exigió le mostrara la Declaración Jurada de Salud que solicita el Uruguay para entrar al país. En ese momento interrumpe un pasajero que está observando todo el proceso y pregunta, con cara de lluvia, qué es eso de la Declaración Jurada y que si él la necesita para viajar a un destino que ya no recuerdo. El oficial levanta la mirada y con una impaciencia muy mal disimulada le dice que debe tener ese documento, sin el cual no puede viajar. El pobre pasajero se sintió morir. En este punto mis nervios ya hacían estragos en mi panza.

A todas estas, mi cartera (enorme y sobrecargada) y mis maletas ya se habían caído innumerables veces, interrumpiendo el flujo de trabajo del pequeño aeropuerto. Pasé a chequear las maletas, temerosa de sobrepasar los límites de peso impuestos por Copa, y, tuve que entregar cada uno de los documentos requeridos una vez más. Finalmente, las maletas fueron aceptadas con el peso exacto y entonces pude pasar a la única sala de abordaje que tiene ese aeropuerto. Allí, pasaron mi maleta de mano por el escáner, revolvieron todo sin pena alguna, y me hicieron preguntas y más preguntas siempre buscando incongruencias, tal como el interrogatorio a un delincuente. Cuando me senté en la sala de espera ya estaba muy cansada, y aún no comenzaba mi viaje. Eran las 2:30 pm y mi arribo a Montevideo estaba pautado para las 6:30 am del día siguiente. Una locura total. Y aún no menciono los dos tapabocas y la pantalla que llevaba puestas durante tooooooodooooo el proceso. Cansada, ahogada sin respirar bien y abrumada por el peso físico… ¡Eso de viajar en modo hormiga como que no va conmigo!

En Panamá no hubo chequeos porque sólo era cuestión de esperar la conexión al destino final. Allí comí unos trozos de pechuga empanizada que me sentaron muy mal, y esperé por tres horas en una sala calurosa y llena de gente. Al llegar al avión, un aparato largo y angosto, me esperaban 7 horas de vuelo durante toda la noche. Gracias a Dios pude dormir algo, aunque no comí nada porque me sentía fatal del estómago. Sin embargo, a través de la ventanilla pude ver la salida del sol más hermosa y cercana que jamás haya visto. El sol rojo y naranja me dio fuerzas para despertar del todo.

La llegada al Aeropuerto Internacional de Carrasco, en Montevideo, fue mucho más amable. Es pequeñito y organizado, el chequeo en aduana rápido y automatizado. Una chica pedía ver la fulana Declaración Jurada y tomaba una foto desde un celular, luego una máquina escaneaba tu pasaporte y te tomaba una foto incómoda y desapercibida. Ya nadie sella nada… no hay vestigios físicos de mi entrada a este país. Ya no se puede recorrer con ilusión las estampas de entrada y salidas de los viajes de la vida.

No, no es fácil viajar en pandemia. En realidad, nada es fácil en pandemia. La más mínima rutina se vuelve una comedia de muy mal gusto. La gente se cansa del ahogo y la incomodidad del tapaboca, se frustra porque sabe lo limitado del contacto físico, los encuentros son fríos y tristes. Yo tenía más de dos años que no veía a Roger Andrés y cuando finalmente estuvimos uno frente al otro, no sabíamos qué hacer… ¿Nos abrazamos, nos besamos, lloramos? ¿O nos damos un puñito? ¿Mi hijo me puede contagiar? Si esto sigue así olvidaremos lo que es vivir plenamente, como seres sociales que alguna vez fuimos. Luego mi hijo me contaría lo inseguro que se sentía acerca de mi llegada, pensaba que no llegaría, que me quedaría en algún punto, en alguno de los aeropuertos, porque realmente no sabíamos nada de cómo sería viajar en pandemia. Cuando me vio llegar, respiró profundo y sonrío, dejando atrás sus miedos.

Hay una película británica muy hermosa que se llama “Realmente Amor”, con Hugh Grant, Emma Thompson y Alan Rickman, entre otros actores de primera línea. La película comienza y termina en la sala de bienvenida del Aeropuerto Heathrow de Londres. Se escucha la voz de Hugh Grant expresando la maravillosa experiencia de esperar el arribo de un ser querido, la emoción, los abrazos, los besos y las lágrimas, las flores, el reconocimiento a lo lejos. La escena está llena de sentimiento y calor humano, de contacto físico y amor del bueno, todo eso que ya no podemos experimentar con libertad.

Sí, los aeropuertos tienen esa cualidad intangible de la emoción del encuentro, son la antesala de aquello que se ha esperado con ansias. En pandemia, es mucho lo que ha cambiado, el reencuentro es emocionante y sentimental, solo que se hace con cuidado, en casa y con asepsia… Y esos elementos coartan el gozo y la alegría burbujeante que hace de toda la experiencia una emoción embriagante.

Finalmente estoy en Montevideo. Quiero pensar que Dios está conmigo y me protege, tal como se lo prometió a Jacob en aquel sueño. El Señor me condujo para preparar todo con tiempo y detalle, para emprender este viaje de reencuentro sin tropiezo. El cansancio, el papeleo, y la pandemia no me distraen de la certeza de que Dios ha sido bondadoso y verá que todos pasemos un maravilloso tiempo juntos. Yo sé que va a ser así porque Él es fiel.

Ya te iré contando cómo resulta todo.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

2 respuestas a «Viajar en pandemia»

FRANCIS HELENA SÁNCHEZ! QUE ODISEA!!!
La he pasado, una vez hasta pernocte por mal tiempo con tormentas de nieve en Alemania….lo que uno hace por ver a sus hijos!

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