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Lectura Bíblica

Jesús y este mundo

Donde está tu tesoro allí estará también los deseos de tu corazón”. Mateo 6:21

En tiempos como los que vivimos hoy en día, donde la enfermedad y la muerte se hacen cotidianas, donde la inflación deshace nuestro sustento diario, y la seguridad personal y económica es una ilusión, es importante desviar nuestra mirada de todo aquello que mal ofrece el mundo para enfocarnos en aquello que ofrece Jesús. El Señor siempre tiene las alternativas mejores para llevar vidas satisfactorias que le agraden a Él por encima de todo y de todos. Este es el momento de poner la mirada en lo celestial, porque lo terrenal se torna malvado y perecedero para nuestras almas.

En el Sermón del Monte Jesús parece tener una suerte de lista donde tiene anotados todos los aspectos de la vida de los seres humanos, tanto en su fuero interior como en su realidad exterior. Él toca estos aspectos en Su Sermón porque Su objetivo único y persistente es conducirnos por una vida mejor y más excelente: Aquella que debe vivir el verdadero cristiano. Jesús busca ayudarnos a elegir bien.

Aquí, en el capítulo 6, Jesús se ocupa de las actitudes y motivaciones que nacen en nuestro corazón producto de la observancia de prácticas religiosas de orden privado e interno, de relación íntima con Dios, y nos ruega que no nos comportemos con la hipocresía de los fariseos y escribas. Jesús toca asuntos más terrenales, relacionados con el mundo exterior y su influencia en nuestra vida espiritual, y nos insta a ser diferentes a los paganos y a su desmedida ambición.

Así, Jesús se pasea por asuntos más seculares, aquellos que tienen que ver con dinero, posesiones, y el afán que viene como consecuencia del cuidado y dependencia de esos bienes. El punto focal está en nuestro orden de prioridades. Jesús va al centro de las actitudes y motivaciones humanas, por eso, en vez de atacar a las posesiones, decide combatir la avaricia. La avaricia es el afán o deseo desordenado y excesivo de poseer riquezas para atesorarlas. Los tesoros y las riquezas inspiran las actitudes más básicas en el hombre, aquellas que surgen del egoísmo y la inseguridad. Jesús ofrece el remedio a estos temores al enseñar que lo terrenal es perecedero y que lo espiritual, cuando está centrado en Dios, adquiere un carácter eterno y trascendente. Como ya nos tiene acostumbrados, Jesús aborda el tema haciendo tres contrastes entre los valores del mundo y los valores del reino de Dios: El Señor nos lleva a elegir entre 2 tesoros (dónde tenemos nuestro corazón), 2 visiones (dónde ponemos los ojos) y 2 señores (a quién servimos).

El primer contraste que presenta Jesús es la de un tesoro que se guarda en la tierra y otro que se guarda en el cielo. Un tesoro es una concentración de riqueza perdida o sin usar. Su finalidad es servir de depósito de valor económico. En un mundo materialista como el que nos arropa, es muy fácil caer en la trampa de atesorar bienes que puedan sernos útiles después. Jesús establece que los tesoros terrenales se corrompen, pierden su esencia por efectos de plagas y orín, que no perduran en el tiempo, y que por lo tanto es un tanto estúpido el empeñarse en acumularlos.

Sería bueno preguntarnos, ¿cuáles son esos tesoros terrenales que están sujetos a la corrupción de este mundo? Jesús claramente se refiere a una vida de opulencia y ostentación y al materialismo que nos hace dependientes a cosas y no a Dios. Jesús está en contra de la codicia y de la avaricia. Es importante notar que Jesús no está en contra de la previsión y el ahorro. Claramente, todo cristiano debe ser prudente y pensar en el futuro. El problema está en la acumulación de bienes que no necesitamos o que no se vayan a utilizar. Jesús, por el contrario, insta a Sus súbditos a acumular tesoros en el cielo, donde la corrupción no tiene cabida. A diferencia de los tesoros terrenales, los celestiales perduran por siempre, pues son de carácter eterno. ¿Cuáles son esos tesoros celestiales?

Primeramente, este tesoro es guardado por aquellas personas que ya tienen la salvación. Entonces, el ciudadano del reino de Dios busca (a) desarrollar un carácter Cristo céntrico, (b) practicar la fe, la esperanza y el amor, adornando su vida con buenas obras, (c) invertir su dinero y bienes en la obra de Dios y en las causas cristianas, y (d) crecer en el conocimiento de Cristo. Y se pueden nombrar muchas más… Entonces, el contraste de los dos tesoros tiene que ver con los valores terrenales contra los valores del reino. Nuestro corazón debe estar alineado con los tesoros celestiales. ¿Cuál de los tesoros valoramos más?

El segundo contraste es aquel referente a las tinieblas y a la luz. En la antigüedad los ojos se les consideraban la luz del cuerpo. Lo que Jesús quiere decir es que si nuestra visión es clara estamos en la luz, y si nuestra visión está nublada estamos en tinieblas. ¿Qué quiere decir esto? En la Biblia el ojo se refiere al corazón y a sus motivaciones. Jesús desea que tengamos una visión clara de la vida. Generalmente la avaricia y la ambición hacen que pongamos nuestros ojos en los bienes terrenales que no convienen, pues nos sumen en las tinieblas y nos llevan a la perdición. Por el contrario, poner nuestros ojos en las cosas celestiales (como el servicio a Dios y al prójimo) da significado a la vida del cristiano. Es cuestión de visión… Si nuestra visión está enfocada en los tesoros terrenales, toda nuestra vida está afectada, si nuestra visión está enfocada en los tesoros celestiales toda nuestra vida tiene sentido, pues gira en torno a Dios. Un ojo maligno es mezquino y egoísta, un ojo bueno es generoso y desinteresado. ¿Qué visión prefieres tener?

El tercer contraste es aquel que suponen dos señores: las riquezas y Dios. Jesús busca concluir que sólo se puede servir a un solo Dios, al colocar las riquezas como un dios o señor. El texto sugiere que las riquezas pueden erigirse como un dios en el que depositamos nuestra confianza y del cual dependemos. Jesús nos compele a elegir entre Dios Creador y cualquier otra cosa inanimada e imperfecta en la cual dependamos, que sea atesorada por nuestro corazón y que nuble nuestra visión de la vida. Y como ya sabemos, nuestro Dios es celoso y no pretende compartir con más nadie el señorío de nuestras vidas.

Es una cuestión de dignidad. Compartir lealtades con otro que no sea Dios nos hace ser idólatras, y para Dios eso es abominación (una conducta que Él no soporta). Es una elección entre el Creador y la criatura. Centrar nuestra vida, posesiones, visión y prioridades en Dios es la conducta que Jesús exalta y que debe forjar todo ciudadano del reino de Dios.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

2 respuestas a «Jesús y este mundo»

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