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¡Machismo!

Tú no eres machista, eres gilipollas”. Nairobi, en “Casa de Papel.”

(“Gilipollas” es un término español para “tonto”)

Recibo siempre a mis pocas amigas en casa. Pasan por aquí a conversar, a pedir consejo, a salir de casa, a traer algo que les he pedido… qué sé yo, vienen por el té, probablemente. El caso es que cada encuentro trae consigo una plática inesperada, que siempre ocupa buena parte de la visita. En estos días pasó una chica muy querida y hermosa con la que he tenido una amistad llena de experiencias de fe. Juntas nos hemos embarcado en peticiones de oración e intercesión que han rendido sus frutos, para el bien de ambas. Ése día hablamos de los retos de criar un niño pequeño, de trabajar y mantenerse a flote en medio de la pandemia, y del día a día de la vida en pareja.

Me sorprendió que ella, siendo tan joven, se quejara resignada sobre las actitudes machistas, no sólo de su esposo, sino también de cada hombre de su vida, fuese éste su padre, sus hermanos de sangre, los hermanos en la fe, y hasta su pastor. Me dijo que le parecía injusto tener que trabajar en la calle, y además encargarse del cuidado de su hijo sin recibir gran ayuda de parte de su esposo. La vi cansada, agobiada y decepcionada. ¿Por qué me sorprende una situación como esta? Porque tontamente pensé que esas eran cosas del pasado.

Yo me enfrenté a mi propio machismo cuando en casa mis nueras y yo discutíamos acerca de casi todo lo que estaba debajo del sol. Estas chicas son de opiniones fuertes, de convicciones bien fundamentadas (aunque muchas veces no compartía sus puntos de vista). Ellas me acusaban de machista y yo me defendía, sin mucho éxito, la verdad. Gracias a esas conversaciones caímos en cuenta que el machismo es una cuestión generacional, que mi madre fue menos machista que mi abuela, pero que yo era más machista que ellas, las novias de mis hijos. Esta conclusión es bastante acertada, me atrevo a decir, pero, ¿cómo es que aún no se ha erradicado este flagelo social?

Creo que, en este punto ya te has dado cuenta que en materia de relaciones hombre-mujer no me gustan los extremos. El feminismo no es bueno, pero tampoco lo es el machismo. Ambas posturas son viciadas, injustas, anacrónicas y anti bíblicas. Pero, si bien esto es muy cierto, ¿cómo es que aún luchamos con estos asuntos que deberían estar ya superados? ¿Por qué nos cuesta tanto poner en marcha lo que teóricamente reconocemos como justo y acertado? Ajá, esta es la pregunta de las cuarenta mil lochas.

La verdad es que yo no he sufrido los rigores del machismo extremo, ni tampoco el moderado… Siempre he hecho todo lo que he querido, y he tomado todas las decisiones que he considerado buenas para mí. No siempre he acertado en el ejercicio de esos derechos plenos, pero al menos nadie me ha frenado, ni me ha dicho qué hacer ni cómo pensar. Mientras crecí, sí me di cuenta de lo mucho que mi madre favoreció a mí hermano, y eso me enfurecía en gran manera. Pero, ahora que estoy pensando en todo esto, me doy cuenta que yo gocé de mucha más libertad que mi hermano, porque en mí siempre confiaron mucho más, y en todo, sin restricciones de ningún tipo.

Por ejemplo, cuando llegó el momento de estudiar en la universidad, yo decidí hacerlo en Caracas y nunca mis padres objetaron esa decisión. Mi hermano quiso hacer lo mismo, y sólo pudo jugar con la idea, porque mi mamá lo rebotó sin derecho a pataleo. Entonces, sí hubo machismo en mi casa, pero nada que pudiera afectarme en demasía. Cuando me casé, también viví y acepté situaciones claramente machistas, pero nada que pasara de los ámbitos del manejo del hogar. Mi esposo siempre ha visto con agrado mi trabajo remunerado o voluntario, y nunca ha frenado ninguno proyecto donde yo haya querido incursionar.

Ahora, lo más grave es que muchas personas consideran a Dios, a los cristianos y a la Biblia como machistas. Y créeme, entiendo por qué. La Biblia, como libro, está llena de episodios que pueden considerarse machistas, porque fue compuesta en tiempos y circunstancias culturales donde el machismo era imperante y grosero. Pero, la Palabra de Dios no tolera las posiciones extremas, es más, Dios no tolera las injusticias, y el machismo y el feminismo están cómodamente sentados en la injusticia y el atropello, y en clara rebeldía a lo que Dios ha dispuesto para el hombre y la mujer.

Si se revisan en la Biblia los tristes y desafortunados episodios de vulnerabilidad de la mujer y sus derechos como ser humano, vemos que Dios está ausente, y cuando se apersona lo hace para hacer correctivos, o para puntualizar que el asunto en cuestión tiene que ver con el pecado y sus consecuencias. Lo he dicho varias veces ya, Dios no se hace eco de las conductas machistas porque Él hizo al hombre y a la mujer en igualdad de condiciones. Es por eso que no entiendo las tendencias machistas tan marcadas en los cristianos, y en muchos pastores que refrendan y apoyan este tipo de conductas, fomentando el irrespeto en aras de una sumisión muy mal entendida.

El Señor Jesús fue un gran defensor de la mujer. Protegió a la mujer adúltera que estuvo a punto de ser dilapidada, tal como lo indicaba la ley; escuchó las cuitas de la madre que sufrió el embate de los demonios de su hija, liberando a la chica para alegría de su madre; ofreció su amistad irrestricta a las hermanas de Lázaro, quienes le llegaron a tener una gran confianza; le dio el privilegio a María Magdalena de ser la primera testigo y vocera de Su resurrección, muy a pesar de su condición; atendió las peticiones atrevidas de la madre de Juan y Jacobo, y nunca juzgó sus motivaciones; curó a la mujer del flujo de sangre, y la reintegró a la sociedad; propició una franca y catalizadora conversación con la samaritana, desestimando su historia y reputación; y finalmente, complació a Su madre cuando ésta le pidió ayuda en las bodas de Caná, a pesar de que aún no era tiempo de un despliegue milagroso.

Creo que se hace urgente tomar conciencia en cuanto a los derechos de la mujer y el respeto que ella merece. Eso es lo que Dios ha querido siempre, justicia, respeto y orden. La Palabra de Dios hay que leerla con entendimiento, con las herramientas adecuadas, para no caer en situaciones anacrónicas y claramente equivocadas. Los cristianos estamos llamados a seguir el ejemplo del Señor Jesús en todo. El machismo y el feminismo nunca estuvieron en su mente.

Seguimos celebrando, esta vez exigiendo lo justo. ¡Feliz día mujeres!

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

2 respuestas a «¡Machismo!»

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