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Celebra bajito

Gracias por pasar todos los 67 meses del 2020 con nosotros”. Spotify

Sí, es cierto. El 2020 ha sido tan acontecido y extraño que se siente como si hubiesen pasado 67 meses en vez de sólo 12. Así de difícil ha sido. Y aunque el mensaje dibuje una sonrisa en nuestro rostro, lo que realmente busca Spotify es invitarnos a reflexionar sobre todo lo que hemos vivido en este inusual año. Sin ánimo de deprimir a nadie, voy a hacer un paseo superficial por todo lo acontecido en los últimos 9 meses. Y por supuesto, lo voy a expresar de la manera más personal posible… Sí, ya me conoces.

En enero, llegó mi sobrino Sebastián de la universidad y me mostró un video donde se veían muchas personas llorando, conmovidos, despidiéndose de sus familiares médicos en China. Lloraban porque sabían que se iban a trabajar en los hospitales de Wuhan y no regresarían con vida. Así de fuerte y devastador fue el Covid-19 en China. Recuerdo haberle comentado a Sebas que, si esa enfermedad llegaba a Venezuela, con seguridad nos borraría del mapa. También vino a mi mente mi amiga Lily, que vive en China. Oré por ella y su familia. (Gracias a Dios me comuniqué con ella hace unos días y se encuentran bien).

El 16 de marzo comenzó la cuarentena en Venezuela, muy temprano, según algunos expertos. Todos mis planes se paralizaron… Los entrenamientos de los traductores indígenas, mi entrenamiento de consultores potenciales, mi viaje al Cono Sur para visitar a mis hijos, todas las actividades de mi iglesia local, los trabajos de todos mis familiares, mis caminatas matutinas, los encuentros con mis amigas en torno al café… Todo, lo fundamental y lo superfluo, se paralizó por igual, sin distingo de urgencias, prioridades o responsabilidades.

Y entonces comenzó un ambiente de paralización generalizado que minó mi ánimo profundamente. Entré como en una especie de mundo paralelo donde nada nuevo sucedía. Los días pasaban lentamente, con un sopor parecido a las tardes acaloradas descritas por el Gabo en sus libros llenos de realismo mágico… Sólo que mis días eran más realidad que magia. Y el país comenzó a caer en pedazos, con crisis de suministro de gas doméstico, gas vehicular y gasolina… Era una locura total, aún lo es. Los meses transcurrieron casi estáticamente, moviéndose justo lo necesario. Mi esposo se vio obligado a escasear sus regresos a casa, quedándose en la parcela con sus cabras un par de días a la semana, para ahorrar gasolina, pues. Las escuelas cerraron, y como consecuencia, mis sobrinos comenzaron a frecuentar la casa para hacer uso del internet.

Viví una vida diferente, y sentí que todo había cambiado, sin mi permiso. Vivir así es como experimentar un secuestro, donde no sabes a ciencia cierta cuándo y cómo vas a recuperar tu vida. Y entonces, comenzó a morir la gente a causa de la pandemia. Al principio fueron pocas víctimas, pero luego se fueron sumando más y más fallecidos… En agosto partió un amigo y colega, y entonces el Covid se hizo real.

Pero, ya va. Antes de que me escribas lo deprimido que estás después de leer todo esto, debo recordar que no todo ha sido malo, no. El 2020 ha traído retos increíbles que me han enseñado muchas cosas. A ver… Este año, con toda su inactividad, me permitió comenzar este proyecto de escritura como bloguera que me ha traído grandes satisfacciones. El blog me ha permitido abrir los ojos y estar atenta a todo lo que sucede a mi alrededor para poder compartirlo contigo. También, la pandemia nos ha permitido a mi madre y a mí reconectarnos de manera más cercana, compartiendo a diario. Además, el 2020 me dio la oportunidad de estar en casa y apreciar todas las bondades de mi hogar… No, hay muchas cosas buenas en este 2020.

Sin embargo, ante la llegada del mes de diciembre, he comenzado a preguntarme si realmente el 2020 sea un año para cerrarlo con grandes celebraciones. Como puedes ver, las cosas no han sido fáciles. ¿Podemos celebrar con propiedad el final de este año tan pesado para todos? Pues, se lo pregunté a mis hijos y a mi hermana, y sus respuestas fueron muy buenas y aleccionadores. Rosa me dijo categórica, “no, no hay nada que celebrar, hemos perdido mucho”. Pero, la respuesta de mis hijos fue más esperanzadora. Ellos me dijeron, “mamá, estamos vivos y sanos, tenemos trabajo, y nos tenemos los unos a los otros…” Y, ante mi reticencia a celebrar por el dolor que otros están pasando, dijeron, “celebra bajito, mamá, pero celebra. ¿Cómo no agradecer a Dios por tanto?”

La Biblia está llena de acciones de gracias. Los salmos expresan apasionados agradecimientos a Dios por las bondades que el Señor otorga a sus fieles. En el salmo 138, David se deshace en gratitud: “Te daré gracias, Señor, de todo corazón; te cantaré himnos delante de los dioses. Me arrodillaré en dirección a tu santo templo para darte gracias por tu amor y tu verdad”. Es que la gratitud es producto de un corazón que ha sufrido, y que en medio de ese sufrimiento ha visto a Dios actuando en su vida. El agradecimiento poco tiene que ver con la abundancia y el bienestar, más bien se agradece porque, aún en medio de los problemas, Dios ha resguardado nuestras almas.

Ahora, tú te preguntarás, ¿a qué viene todo esto? ¿Celebramos o no celebramos el final del 2020? Pues, sí. Celebremos y gocémonos en torno a las muchas bendiciones que hemos recibido durante este laaaaargo año. Pero, en medio de nuestra alegría, recordemos con respeto a los caídos en pandemia, a las muchas familias que están de duelo, a tanta gente que le cuesta alimentarse apropiadamente, a quienes han perdido sus negocios y sustento, a los muchos que sufren los reveses de la vida. Levantemos conciencia, y celebremos bajito, con un perfil centrado en nuestra realidad nacional y mundial.

Romanos 12:15 dice: “Alégrense con los que están alegres; lloren con los que lloran”. En otras palabras, toma en cuenta la alegría de los unos, pero también las tristezas de los muchos. Sé empático, sé consciente del prójimo.

Este diciembre, celebra bajito.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

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