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¡Que noticia tan desagradable!

Keep calm and carry on”.

(Famosa frase británica, popularizada en 1939, en tiempos revueltos, como éstos)

En estos tiempos de pandemia siempre recibimos la prédica dominical en el transcurso de la mañana, por el canal de YouTube de nuestra iglesia. La chica encargada de grabar esas prédicas pastorales es una gran amiga, cercana, cómplice. Ella es ese tipo de personas que forman parte de mi vida, imprescindibles. Hoy, domingo en la mañana, le escribo para saber del video del pastor, y la saludo comentando la partida de uno de nuestros hermanos. Ella se apresuró a comentar, diciendo: “Qué noticia tan desagradable”.

Estos tiempos están llenos de noticias desagradables por doquier. Anoche, ya pasadas las 11, otra gran amiga me llamó contrariada para informarme sobre la partida de ese mismo hermano, que estuvo quizás más de un mes amarrado a un respirador, luchando por su vida. El Covid 19 ya nos tiene acostumbrado a esto, a la muerte rozando nuestras vidas, respirándonos en el cuello, amenazante y mortal. ¿Cómo podemos llamar vida a tiempos tan tristes? ¿Cómo podemos hallar consuelo ante tanta pérdida?

Y, no. No somos los únicos que hemos pasado por una pandemia, una plaga, una mortandad general… La humanidad se ha enfrentado a este tipo de retos de manera periódica y cíclica, a lo largo de la historia. Pero eso no es consuelo, más bien nos llena de desesperanza. Hay una pregunta que da vueltas en mi cabeza en estos momentos, ¿por qué tienen mis hijos y todos mis sobrinos que pasar por estos tiempos tan tristes? ¿Por qué les ha tocado vivir en un mundo tan convulsionado y, además, en un país tan golpeado y tan innoble? No parece justo.

No importa cuán cotidiana sea, el ser humano jamás va a entender y aceptar la muerte. Y es precisamente la muerte lo que más seguro tenemos en esta vida… Suena contradictorio, ¿verdad? Pero, en tiempos de pandemia, parece preciso y pertinente entender y aceptar la partida física de personas que en su momento se relacionaron con nosotros, porque es una realidad semanal, casi diaria a veces. Todo esto lleva a preguntarme, ¿por qué no nos cuidamos más? ¿Por qué nos cuesta tanto llevar puesta una mascarilla de manera adecuada? ¿Por qué no respetamos los protocolos de salud?

A veces creo que tiene que ver con la manera como todo esto atenta contra la libertad inherente e inalienable de la que debe gozar todo ser humano. Cuando escucho que no puedo salir de casa, que no puedo asistir a mi escuela, que no puedo socializar como ya estoy acostumbrada (¡besar, abrazar, tocar es tan vital para nosotros los venezolanos!), que no puedo sentarme en una cafetería a disfrutar de un buen café con amigos, que no a esto, que no a aquello, mi espíritu se rebela. Es que quiero mi vida de vuelta, a cualquier costo. Eso, siendo lo más superficiales posibles… Porque son muchos los que tienen que salir a trabajar muy a pesar de la pandemia, porque tienen empleados que dependen de ellos, porque si no trabajan no comen, pues.

En la Biblia también se habla de pandemias, y de plagas, y de mortandad. En los primeros capítulos de Éxodo vemos cómo el Faraón (con su corazón endurecido por el Señor) tiene que enfrentarse a plagas que llevaron a muchos a la muerte (como la desaparición física de todos los primogénitos egipcios). Allí se menciona a la muerte como un ángel que está a las órdenes absolutas de Dios. La Biblia dice que no había una casa que no llorara la partida de al menos un ser querido. Los lamentos debieron haber sido ensordecedores.

Pero es quizás el Salmo 91 el que habla con más elocuencia de la protección de Dios sobre los que le temen. El poema habla de plagas, pestes y mortandad que acechan en medio de la oscuridad, pero el salmista asegura que nada de eso le toca, porque los ángeles del Señor están a su alrededor y le protegen… Todo esto es muy bello, y estamos acostumbrados a recitar esos versículos como un mantra, pero muchas veces nos olvidamos que es necesario tener una relación íntima con Dios, tal como la describen los primeros versículos del salmo.

La Palabra de Dios dice que la vida es efímera, Job se quejaba de ello, muchos salmos se lamentan de lo corto de la existencia humana… Todos estos poetas saben que nuestras vidas están en las manos de Dios. Él es el Autor de la vida, sólo el Señor sabe cuál y cuándo es nuestro fin. Mi abuela Francisca, que no era teóloga ni nada parecido, decía que nadie se moría un día antes, ni tampoco un día después. La muerte es inevitable, pero, aun así, nosotros debemos cuidarnos, como mayordomos que somos de nuestra vida.

Esta pandemia se ha llevado ya a tres personas conocidas por mí, de la familia de la fe. Cada una de esas partidas me han afectado, y han despertado mi lado más existencialista y filosófico… ¿Por qué? Es una pregunta que retumba en todo mi ser. Yo sólo he perdido a tres amigos, pero hay tantas personas que se enfrentan a este mismo dolor… Tantos doctores que mueren a diario. El Salmo 116:15 dice que muy estimada es a los ojos del Señor la muerte de sus fieles. Esas sabias y profundas palabras deben ser un aliciente para todos en este momento.

El hermano, amigo y compañero de trabajo Elionay Caicaguare se fue temprano, callado, dejando un gran vacío en nuestros corazones. Aún recuerdo su risa fácil, su amor por el Señor, su trabajo incansable por la causa bíblica… El hermano Heriberto Serrano, el querido Aleluyita, siempre adoraba al Señor con increíble efusividad, y tenía un amor y un gran peso por las almas perdidas… Y el hermano Juan Parra, quien partió ayer, callado, amable, atento. Luchó tanto por su vida, y al final el Señor lo reclamó para sí. Todos ellos están ahora en la presencia del Señor, descansados, con cuerpos glorificados perfectos, alabando a Dios, allí con Él.

Ahora, tendremos que aprender a vivir con y en pandemia. Soportando las pérdidas, agradeciendo por los muchos que sobreviven (que son la gran mayoría, ¡gracias a Dios!), cuidándonos, prudentes, responsables y precavidos. No son tiempos fáciles, muchas son las noticias desagradables. Pero, fiel es quien no sostiene, ¿acaso no es así?

Sí, son tiempos tristes, llenos de noticias desagradables. Ya vendrán tiempos mejores, de risas despreocupadas y alegría. El Predicador lo dice muy bien en Eclesiastés 3, y no se equivoca, no.

Por Francis Sanchez

Hola, soy Francis. Me gusta escribir y creo que lo hago bien. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre temas biblicos, ya que trabajo como voluntaria Sociedades Bíblicas Unidas de Venezuela.

Estoy casada y tengo dos hijos adultos. Mi hijo mayor siempre me ha impulsado a escribir y publicar. De hecho, este blog es su regalo de cumpleanos para mi

5 respuestas a «¡Que noticia tan desagradable!»

Realmente es así mi amada y querida Hekena son tiempos difíciles y de mucha tristeza pero a los que tenemos a nuestro buen y fiel Señor todo eso nos ayuda a bien porque sabemos donde están esas personas amadas y sabemos que las ir pruebas nos moldean el carácter y nos ayudan a crecer en fe y que nuestra mirada sólo debe estar puesta en el autor y consumado de la fe para se cumplan sus promesas en el salmo 91. No es fácil pero El Señor nos fortalece en tiempos difíciles si le buscamos de todo corazón. Gracias por este estudio que nos permite ver cuan vulnerables somos en tiempos difíciles pero también nos permite ver que tememos un padre lleno de amor y misericordia y El la da a quien el quiere. Un abrazo con mucho cariño amiga y hermana Helena Tqm y deseo Muchas bendiciones celestiales para ti y ti hermosa familia.

Lamento sus pérdidas cercanas y su efectivamente ninguno de nosotros actualmente se escapa de recibir una noticia triste pir la partida de alguien cercano 😢 que no esperabamos partieran motivo de una pandemia. Esperamos en el Señor para que nos de entendimiento. Excelente como siempre la reflexión 👍. El cuidarnos es una elección tan individual pero que a la vez va íntimamente relacionada con las personas con que nos relacionamos a diario.

Bella y sabia respuesta querida Aracelys nunca olvidando que ustedes acaban de despedir a reina, y ahora cuidan a su hermano. DIOS LAS BENDIGA Y FORTALEZCA

Que excelente mi hermana….. reflexiono algo que de un tiempo para acá, como medico, cada día afianzo más….la ciencia y la fe van de la mano…. ninguna desvirtúa a la otra por el contrario caminan juntas…..

Dios te bendiga hermana, este tema es muy oportuno y que casi nadie quiere tratar por la tristeza que causan las perdidas de las personas cercanas y no tan cercanas pero que de una u otra manera nos identificamos con ellas. Dios permita aprovechemos bien nuestro tiempo de pasar por este trance para buscar mas de su rostro, conocerlo mas y mas y vivir confiados en que todas las cosas nos ayudan a bien. Aun en la partida de los amigos y hermanos debemos tomarlo como un aprendizaje de cómo sentir la seguridad de su buena voluntad en todo esto que nos ha permitido vivir. Gracias hermana. Dios te siga usando

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